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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sin independencia ni transparencia

Los mayores cuestionamientos que han realizado los panameños a los diferentes gobiernos, desde la década de los noventas, están marcados...

Los mayores cuestionamientos que han realizado los panameños a los diferentes gobiernos, desde la década de los noventas, están marcados por la falta de respuestas a los problemas socioeconómicos y de seguridad ciudadana; tanto así, que se ha llegado a expresar que los pobres han estado en todos los discursos politiqueros de la llamada clase política, pero ausentes en todas las administraciones de gobierno.

Elocuente manifestación de esta realidad son los resultados de la última Encuesta de Niveles de Vida 2008, que ponen de manifiesto que uno de cada tres panameños vive en pobreza. Es decir, más de un millón de panameños que no logra obtener 3.13 balboas diarios para sufragar alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, transporte, etc.; realidad que incluso comprende a personas que se encuentran ocupadas, el 25% de los ocupados son pobres, porque el salario no les alcanza para cubrir las necesidades materiales mínimas de vida. Este promedio nacional alcanza ribetes alarmante en el área rural, donde 51 de cada 100 panameños son pobres y en el área indígena donde 96 de cada 100 panameños son pobres. Estos resultados desdicen la política de combate a la pobreza impulsada por las administraciones de Pérez Balladares, Moscoso y Torrijos, que centraron su política en la “ focalización del gasto ” (receta del BM), en donde los programas asistencialistas se han convertido en verdaderos focos de corrupción (Ver Red de Oportunidades, entre otros).

Bajo la administración Martinelli, la política de atención a la pobreza continúa en el marco de la creación de programas asistencialistas, que no generan oportunidad de desarrollo a las personas y la sociedad. Tampoco dan galas de resolver la gran brecha entre costos de la canasta de necesidades familiares y salario (mínimo y general); lo que requiere de una política de reducción, congelamiento y control de precios, así como aumento de salarios. Por el contrario, bajo su administración el costo de la cesta de alimentos ha aumentado, el precio del servicio de la electrificación también, y este fin de semana aumentó el precio del combustible. Como si ello fuera poco, Papadimitriu plantea que nos preparemos, porque el próximo año aumentará el precio del pasaje.

El segundo paquete de cuestionamientos de los panameños a los gobiernos gira en torno a los niveles de corrupción, impunidad, nepotismo, falta de transparencia que priva en la administración de la Cosa Pública.

Más que “ shows mediáticos ”, las señales de corrupción, nepotismo y falta de transparencia en el nuevo gobierno se mantienen. En estos momentos en la palestra el caso del panameñista Alejandro Posse, quien fue destituido como gerente del BDA; la justificación de Alberto Vallarino de las compras directas, incluso con empresas recién creadas, alegando que el monto de este gobierno es inferior al que realizó su antecesor en los primeros 100 días.

Sin independencia ni transparencia en la gestión del actual gobierno, lo que se ratifica con el nombramiento de la contralora de la República, Gioconda Torres de Bianchini, quien ha fungido como empleada de la empresa Importadora Ricamar (propiedad del presidente de la República) durante los últimos 15 años. Martinelli ha señalado que la contralora “ es una persona de su confianza ”, de lo cual no nos cabe la menor duda; pero no se trata de confianza personal, el cargo de fiscalizador de las finanzas públicas debe ejercerse con absoluta independencia y transparencia, debe responder a los intereses nacionales y no “ a los del jefe ”.

Con las actuaciones de la Asamblea Nacional de Diputados, con el nombramiento de la contralora y la próxima designación de los dos magistrados de la Corte Suprema de Justicia (que cambiará la correlación de fuerzas), el cacareado precepto de “ independencia de poderes ” de los Órganos del Estado ratificará nuevamente la falacia de las estructuras políticas de la Nación.

Frente a ello, es necesario que construyamos nuestro propio instrumento político electoral, que dispute con posibilidades reales el control político gubernamental que hasta el momento han venido ejerciendo los partidos de los millonarios. Se trata de “ construir una fuerza moral, pluralista, antineoliberal y renovadora, que integre a los sectores cívicos, democráticos, progresistas, patrióticos y populares que coinciden en la concepción de que el Estado se constituye para garantizar la soberanía nacional, la seguridad, la libertad y los derechos ciudadanos, el derecho al bienestar económico y social de la población; el respeto a grupos étnicos, costumbres culturales y creencias religiosas. Mismos que vienen siendo incumplidos, olvidados, tergiversados o violados por el Estado panameño y sus gobiernos ” (Frenadeso, 2009).

*Secretario general del Suntracs.rologe54@yahoo.com