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03 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La sociedad superior

Ante la inmensidad del Universo, lo infinito de la eternidad, no existe imaginación posible de abstracción a tales dimensiones. Ante esa...

Ante la inmensidad del Universo, lo infinito de la eternidad, no existe imaginación posible de abstracción a tales dimensiones. Ante esa grandeza, la mente humana creativa e investigadora intenta concebir una explicación, y en su búsqueda encuentra a Dios.

Dios, que no es igual para todos ni significa lo mismo, ni lo interpretamos igual. Pero ese Dios es un orden universal, unas leyes naturales que el hombre va descubriendo; que siguen pautas y conductas generales que rigen con lógica nuestra vida. No es lo mundial ni trascendente el texto, la forma, el rito o las imperfecciones, lo fundamental son los valores, las normas de vida, el amor social, la hermandad al prójimo. Cuando violamos los preceptos humanos y naturales de convivencia estamos violentando todo el sistema evolutivo de los seres humanos. Su civilización, su cultura, la razón misma de su existencia como especie perfeccionada. En esta gran esfera de la Tierra debemos caber todos bien. Pero cuando por desconocimiento, egoísmo, soberbia, ambiciones queremos, utilizar, explotar, someter, esclavizar a otro ser humano estamos anarquizando toda la organización creada y evolucionada por esas supremas normas que llamamos de Dios. No existen razones valederas que lo justifiquen. En la historia hemos pasado por insólitas e inhumanas etapas violatorias de ese orden superior: guerras, esclavitud, genocidios, explotaciones, catástrofes ecológicas.

Las contemporáneas corrientes ideológicas más cercanas nos plantean como fin el desarrollo, el progreso de “mi” tierra, región, clase o partido. En ese andar nos encontramos con otros que pretenden lo mismo. Las metas originales son naturales, pero cuando se hacen egoístas, soberbias surgen la prepotencia y la violencia. Talvez nos recuerde a Caín y Abel y más cercano a Hitler, que quiso a su país, pero para hacerlo acusó a los judíos y quiso extenderse a costa de Europa. A las oligarquías monetarias-militares de América, que han realizado un demagógico terrorismo explotador sobre los pobres. En la URSS, por el bienestar de gran parte de la población, se acabó con una clase social. En el Caribe la mitad de un país se exiló y se quedó lo otra mitad. Tampoco es legal ni civilizado que un grupo utilice la fuerza para la supuesta defensa de solo un sector con poder (Pinochet). Las naciones, la tierra y sus frutos, la felicidad, la justicia social, tienen que ser para todos.

El mensaje es para el poder económico, para la decisión política, para las direcciones gremiales, para los ciudadanos conscientes y todos los que tengan buena voluntad. Las naciones necesitan de todos sus hijos. Pero siguiendo las actitudes de solidaridad, amor al prójimo, justicia social, participación y equidad. Cuando los que tienen riquezas y poder a través del tiempo no caminan hacia un equilibrio socioeconómico, estamos apartándonos de las leyes que son las divinas, las naturales y las humanas de convivencia pacífica, de amor al prójimo y que dejó ese Dios para todas las religiones y no religiones. Están impresos en la experiencia psicosocial de las personalidades los valores que la convivencia humana ha recibido de la historia, de la sabiduría, que nos dotó la creación evolutiva como son: la justicia, la libertad, la dignidad, la solidaridad, pilares fundamentales de nivel divino como instrumentos para hacer de nuestro suelo y de cada ciudadano una versión local o individual a imagen de las grandezas y valores superiores que muchos consideramos como Dios. Es justo y necesario aplicarlo para un Panamá Mejor.

*Médico y ex ministro de Estado.grollap@hotmail.com