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31 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La otra cara de la moneda (I)

A raíz del tema de la invasión a Panamá por parte de los Estados Unidos de América, se ha querido desdibujar al país en dos grupos: aque...

A raíz del tema de la invasión a Panamá por parte de los Estados Unidos de América, se ha querido desdibujar al país en dos grupos: aquellos que sufrieron el golpe de Estado y aquellos que sufrieron la invasión. Eso es una falacia. La invasión es una consecuencia del golpe de Estado, y éste último de los civiles que suicidaron la democracia panameña en 1968.

Además de eso, la idea de una serie de artículos que empezaremos a escribir, a partir del día de hoy, consiste en el recuento de violaciones flagrantes a los derechos humanos, ocurridas durante los gobiernos panameñistas de Guillermo Endara Galimany y Mireya Elisa Moscoso Rodríguez, bajo el manto de la supuesta democracia; con el apoyo, desde la oposición, de conspicuos políticos como don Samuel Lewis Galindo; y desde el gobierno de supuestos educadores de juventudes, como el empresario Víctor Azrak, con la inefable y solícita ayuda, por lo menos durante el gobierno de Endara, de la Embajada del Japón en la República de Panamá.

Nos atrevemos a contar esta historia ahora, porque la maraña de poder que habían tejido estos y otros personajes hasta ahora lo hacía imposible, desde el punto de vista de la seguridad de nosotros y de nuestras familias.

Y nos atrevemos a hacerlo ahora, precisamente, en el momento en que el gobierno de Ricardo Martinelli debe definirse como uno que continuará esa senda tenebrosa de sus ominosos antecesores panameñistas, o sabrá romper con ellos en la auténtica formulación de una respuesta liberal, que rompa con ese nefasto pasado.

Este artículo de opinión es tan solo la antesala del detalle de todos los personeros de ambos gobiernos, encumbrados y señorones todos ellos, y de la llamada sociedad civil, la que se sienta en el Club Unión y en el Club Hebreo, con nombre, apellido y apodo; sobre su participación en delitos y en intentos de delitos, en contra de un hombre y una familia, cuyo único pecado ha sido ser honrados, servir a su patria y romper los paradigmas del gueto mental y físico en que viven unos y otros.

Comenzaremos en el próximo artículo con el gobierno de Endara, su sed de venganza, incluso en contra de quienes participamos en el derrocamiento de Manuel A. Noriega, su asociación ilícita para delinquir con Víctor Azrak y el indeseable rol que le ha tocado jugar a un verdadero ejemplo de lo que es un político retrógrado de la sociedad panameña: Samuel Lewis Galindo.

*Abogado.malcoj2@hotmail.com