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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Opiniones y tolerancia

A menudo cometo el error de asumir que los lectores mantienen la continuidad de mis ideas. A mí mismo me cuesta, en cierto sentido. En m...

A menudo cometo el error de asumir que los lectores mantienen la continuidad de mis ideas. A mí mismo me cuesta, en cierto sentido. En muchas ocasiones me veo revisando columnas pasadas para darme cuenta de que cierto tema ya lo había tratado. Quizás no con las mismas observaciones con que las trataría nuevamente dado el caso de que el mundo cambia y las circunstancias varían, pero lo cierto es que las más íntimas convicciones personales sobre la Humanidad, la comunicación y la supervivencia, para mí y ya pasado algunos años, son inalterables. Asumo como deber personal transmitir por este medio estos conceptos que, en lo íntimo, son mi contribución a la sociedad y a su bregar por alcanzar un estado superior.

Cada aporte semanal se hace con el compromiso de entregarlo con el tiempo suficiente para que se prepare y disponga en la página antes de su publicación. Después de publicado hago dos cosas: coloco en mi página de Facebook el vínculo al artículo del sitio web de La Estrella y envío copia por correo electrónico a una lista de distribución en donde cuentan más de 200 personas entre familiares, amigos, colaboradores, colegas y mis estudiantes de cursos pasados.

La retroalimentación que recibo – en menor grado – proviene de los comentarios en el sitio de La Estrella de Panamá y de mi página en Facebook. La gran mayoría llega a través de mi correo electrónico.

Decía Martí: “ La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía ”. En este ejercicio semanal de opinar sobre diversos temas, he tratado de ser fiel a ese enunciado. Tomo con mucha seriedad y cuidado tanto lo que expongo como las opiniones de retroalimentación que recibo.

La entrega de hace dos lunes, “ Después del Conteo ” se refirió al tema del autoreconocimiento de los negros y afrodescendientes y de las oportunidades que los resultados ofrecían a futuro. De las más de 225 publicaciones de mi autoría que han sido presentadas para su conocimiento y escrutinio, esta columna, hasta donde he podido constatar, ha sido la más divulgada, ante todo a través del envío y reenvío electrónico.

Muchas personas, la mayoría desconocidos, han retroalimentado o me han escrito directamente con comentarios de apoyo e incluso expandiendo sobre los tres principales mensajes del escrito. Los comentarios y aportes han sido valiosos, pero ante todo respetuosos, y han sido respetuosos porque entendieron que este servidor, y todos los demás, tiene el derecho universal a su propia opinión.

No hay que aceptar de ninguna manera el acoso, la violencia y la descalificación de unos sobre otros. Las complejidades que involucra la convivencia en sociedad de diversas culturas, grupos sociales, géneros o etnias indudablemente conllevan a disímiles y tan complicadas opiniones sobre las mismas. Es la naturaleza de ese ser igualmente complejo, diferente, racional o irracional que se llama homo sapiens. El respeto y la tolerancia a las ideas sobre cómo podemos superar estas desigualdades de las relaciones intra—socio—étnico—culturales son imprescindible para lograr espacios para la construcción de una mejor y más inclusive sociedad. El ser humano es dueño de sus convicciones, pero nadie es dueño de la verdad absoluta. “ La tolerancia es la mejor religión ”, puntualizó Juan Pablo II.

Ya lo había expuesto anteriormente, “ si la formación humana primaria y esencial se desarrolla y manifiesta como conductas de apoyo incondicional a los semejantes y al entorno; de apertura social, de entrega y dedicación a las causas que promueven el crecimiento emocional y espiritual de la Humanidad; si se fundamenta en una comprensión sinérgica de los retos que imponen el hecho de la existencia misma, entonces, lo más probable es que el individuo trabaje afanosamente por hacer de la convivencia entre los grupos sociales en donde se mueve, un ejercicio constructivo y de crecimiento, no solo para él, sino para todos en general ”.

El trabajo de construir espacios para mejorar la condición de vida de miles de individuos que solo conocen y han vivido eternamente en desventaja social no es fácil. Es una tarea abrumadora y monumental. Sin embargo, al revisar mis escritos y aportes, comprendo que ésta es una tarea que realizo con entrega y con el convencimiento de que mis opiniones se formulan en apoyo a un fin superior humano.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com