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22 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Latinoamérica: Vuelven las fosas comunes

El dolor de las víctimas de Málaga, de Gernica, de Badajoz, de Pol Pot, del Nazismo, es el dolor de todas las víctimas que hoy crujen en...

El dolor de las víctimas de Málaga, de Gernica, de Badajoz, de Pol Pot, del Nazismo, es el dolor de todas las víctimas que hoy crujen en las fosas comunes o cementerios clandestinos del mundo, hecho que tuvo su mayor vigor en la II Guerra Mundial, en Viet Nam, en la Rusia de Stalin o el franquismo, que ahora resurge del horror de todas aquellas víctimas, pero en Colombia

En el pueblo La Macarena, región del Meta, 200 kms. al Sur de Bogotá, una de las zonas más calientes del conflicto colombiano, se descubrió la mayor fosa común de la historia reciente de Latinoamérica, con una cifra de cadáveres ‘NN’, enterrados sin identificar, que podrían llegar a los 2000.

Desde el 2005 el Ejército Colombiano ha estado depositando detrás del cementerio local cientos de cadáveres con la orden de que fueran inhumados sin nombre. La mayoría relacionados con los ‘falsos positivos’, o sea, estudiantes, indigentes, líderes sociales o civiles comunes asesinados, a los que se presentaba como guerrilleros ‘muertos en combate’.

Desde el año 2007, se están encontrando fosas comunes en diversos puntos de Colombia generadas por las acciones llevadas desde cerca del año 2000, principalmente por miembros de grupos paramilitares pertenecientes a las AUC (Autodefensa Unida de Colombia), de quien su fundador y ex presidente, Álvaro Uribe, acaba de dejar el poder presidencial a Juan Manuel Santos.

En Colombia, la estrategia narco—paramilitar del propio Estado, combinada con la policía y el ejército, ha sido el instrumento de expansión de latifundios y poder económico de los narcotraficantes y la oligarquía. El Estado colombiano ha desaparecido a más de 50000 personas, con ayuda militar o paramilitar. Ha desaparecido a sindicalistas, líderes comunales, gente de izquierda, políticos y hasta sus mismos ‘amigos’, con el fin de perpetuarse en el poder y crear la percepción del terrorismo que cargan a cuesta la guerrilla y todo movimiento popular. Quizás la ‘seguridad democrática’ empieza a oler a holocausto, asesinatos y masacres del pueblo colombiano, todo aupado y exacerbado por Uribe y sus secuaces.

*ECONOMISTA.