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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

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La Raise Borer Strata 950

Con ese extraño nombre, la máquina significa esperanza para treinta y tres personas atrapadas a setecientos metros de profundidad, a mil...

Con ese extraño nombre, la máquina significa esperanza para treinta y tres personas atrapadas a setecientos metros de profundidad, a miles de kilómetros de Panamá. Ella y su similar, la Schramm T-130, tienen la difícil tarea de rescatarlas, mientras nosotros disfrutamos de una vida normal, de libertad, de sol y respiramos aire puro; solo podemos seguir los acontecimientos alrededor y dentro de la mina San José y rezar por ellos en solidaridad durante la épica lucha por sus vidas. Podrán no ser panameños, podrán estar muy lejos, pero compartimos una misma Humanidad, que reclama nuestra empatía y respaldo moral.

¡Cuántas emociones sentidas en tan corto tiempo! Primero fue el shock del derrumbe con la descorazonadora anticipación de la muerte de los infortunados mineros, seguida de diecisiete días de ansiedad y angustia de familiares y gentes alrededor del mundo, pendientes en un hilo del intento de rescate. Muchos perdieron esperanzas: Imposible sobrevivir tanto tiempo, sobre todo sin ingerir líquidos. Pero fue la garra admirable de un grupo de chilenos —incluyendo su presidente— que no cejó ante lo que se percibía como reducidas probabilidades de éxito. Tenazmente se insistió en perforar un agujero hasta el fondo de la mina para localizar a los mineros atrapados.

Hasta que llegó el feliz día cuando se pudo establecer contacto y se recibió un papelito escrito por los atrapados, asegurando que estaban sanos y salvos. La algarabía de familiares, amigos y compañeros de trabajo fue indescriptible, solo comparable a la satisfacción íntima de quienes dirigieron el esfuerzo desde el campamento de ‘Los 33’.

Ahora la preocupación consiste en traerlos a la superficie sin cometer errores que obstaculicen el rescate, y en mantenerlos sanos física, mental y emocionalmente hasta entonces.

Imaginemos su situación allá abajo. Total oscuridad alumbrada con luz artificial, sin el beneficio de luz solar, que les aumenta los riesgos de daños cutáneos. Estrechez, calor, espacio reducido que limita sus actividades físicas, de esparcimiento y recreativas. Ausencia del calor humano de abrazos de esposas, hijos, seres queridos. Pero más importante aún es la imperiosa necesidad de armarse de paciencia para esperar que las perforadoras, a razón de unos cuantos metros diarios, les abran el estrecho túnel vertical de setecientos metros de profundidad que los traiga al sol, al aire, a los paisajes, a las bellezas del universo que disfrutamos acá y que tantas veces ni apreciamos ni valoramos. La provisión de alimentos adecuados ordenados por nutricionistas, y de medicamentos para prevenir infecciones y otras enfermedades, los mantendrá —Dios mediante— sanos de cuerpo, mientras que el suministro de libros y revistas que ellos solicitan, las tareas que se han impuesto y el contacto con familiares ayudará a mantener viva su esperanza, paciencia y tranquilidad durante los meses venideros.

El accidente en la mina San José trae a la memoria la tragedia del submarino espía nuclear Kursk que, en el año 2000, fue víctima de dos terribles explosiones que causaron que varios de sus compartimientos quedaran totalmente inundados, quedando varado a más de cien metros de profundidad en las heladas aguas del mar de Barents. Solo veintitrés marineros sobrevivieron las explosiones por un breve tiempo y se sospecha que perecieron lentamente de frío y asfixia. Un mensaje rescatado, escrito a ciegas en la oscuridad por un marinero recién casado a su esposa, da una idea de la dimensión de la tragedia que debieron vivir, atrapados sin salida.

Aunque la situación chilena es distinta a la del ruso Kursk, los peligros siguen latentes. Ojalá no se susciten los temblores que frecuentemente ocurren en esas regiones sureñas y que no haya nuevos desprendimientos que frustren el esfuerzo que se lleva a cabo.

Ojalá, sobre todo, que durante las excavaciones para la construcción del Metro en nuestra capital se provea lo necesario para prevenir una tragedia parecida. Roguemos que allá el salvamento sea exitoso y que acá, aprendiendo de experiencias ajenas, se eviten riesgos imprudentes.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.