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27 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

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¿Cuál es la política agropecuaria?

En nuestro concepto, y expresado en términos simples, una política agropecuaria debe contemplar un sistema que lleve riqueza al campo y ...

En nuestro concepto, y expresado en términos simples, una política agropecuaria debe contemplar un sistema que lleve riqueza al campo y alimentos nutritivos a bajo costo a la mesa del consumidor. En la estructura de gobierno panameño, el sistema es responsabilidad de las entidades que deben complementar sus actividades, como el MIDA, que es el rector del sistema, con financiamiento del BDA, con el mercadeo de productos del IMA, con nuevas tecnologías del IDIAP y con seguros contra riesgos del ISA. Lamentablemente la nuestra ha demostrado ser una historia de maltrato o abandono del sector, aunque se le pretenda maquillar con frases bonitas. Prueba fehaciente del abandono es que, en los once años desde 1999 a la fecha, el sector ha sido dirigido por siete ministros diferentes —un promedio de menos de dos años por jefatura—, produciéndose una evidente inestabilidad por la ausencia de seguimiento y liderazgo continuado, aun cuando los tres presidentes involucrados han sido oriundos del interior del país.

Muchos factores se deben conjugar armónicamente para que el sistema funcione. La tarea no es sencilla, pero requiere, sobre todo, de objetivos claros, dejar de lado intereses económicos de unos pocos y voluntad política para tomar decisiones críticas. Lograrlo no debería ser difícil, porque, según reza el Plan Estratégico 2010—2014 del gobierno, la agricultura es el sector de ‘alta prioridad’ que constituye, junto con el turismo y el Canal, el principal motor de desarrollo. El Plan basa su estrategia agrícola en la sustitución de la producción tradicional por nuevos cultivos con mayores rendimientos, que posibiliten la exportación de los productos del campo. Bajo ese esquema, para generar hasta 250000 nuevos empleos, se promete diseñar un programa de inversiones con políticas públicas y mejoras en las estructuras administrativas para aumentar las tierras arables, los rendimientos por hectárea, el acceso al crédito y a la tecnología, la agroindustria para producir jugos y conservas, mientras se continuarán produciendo alimentos básicos, como el arroz, para protegernos contra cambios en precios internacionales y garantizarnos un suministro nacional mínimo.

Pero tan loables objetivos contrastan con quejas y frustraciones que adelantan diferentes gremios y actores del sector agropecuario, que se han visto reflejadas recientemente en los medios de comunicación.

Así, el desplazamiento de la producción nacional de productos hortícolas fue denunciado por la Asociación de Productores de Tierras Altas de Chiriquí, cuando se manifestó contra la segunda rebaja de los aranceles de importación de esos productos decretada por el presente gobierno. Cabe notar que la Unión de Consumidores de Panamá ha denunciado que la modificación de aranceles de importación no redunda en una rebaja de los costos de la canasta básica de alimentos, porque los únicos beneficiados por esa medida son importadores y comerciantes que venden sus productos al nivel de precios locales, aprovechando un margen elevado de especulación y la escasez de la producción doméstica.

Por su lado, el permiso otorgado por la Autoridad de Seguridad de Alimentos para la importación de maíz, tomates, ajos y otros productos, y la importación, a destiempo, de 180000 quintales de cebolla, significaron rudos golpes a la producción nacional de esos rubros. Mientras los arroceros de Veraguas protestaban por el rechazo de molineros a comprar su cosecha, debido a la falta de espacio por la importación del grano extranjero, la Asociación Nacional de Ganaderos acusaba al BDA de ser ‘una agencia de empleos para préstamos políticos’, denunciaba la reducción de sus préstamos y los productores de raíces y tubérculos de Herrera se hacían eco de la mora en los préstamos agropecuarios.

La Cámara de Comercio de Panamá se sumó a la preocupación expresada, por lo que considera ser la situación crítica que sufre hoy el sector agropecuario. Como la Cámara, abogamos porque este sector goce de políticas y facilidades, hasta ahora otorgadas con mezquindad, que le permita producir con eficiencia y rentabilidad. Hay mucho por hacer para poder ver resultados concretos.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.