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14 de Apr de 2021

Carlos A. Herrera

Columnistas

Carilimpios y carilimpias

Lo que no acabo de entender es la astronómica inversión para semejante sacrificios por la patria.

Carilimpios y carilimpias
Carilimpios y carilimpias

Actúan con descaro, mientras pasan tirando su ‘barra de jobo’, para ver qué cosechan al manejar la vida con petulancias. El carilimpio desconoce la vergüenza o recato. Pero esto me trae recuerdos de la inocente niñez, en aquellos tiempos en que la pasábamos de una travesura en otra y cuando nos agarraban, nos decían que andábamos en barrabasadas, pero de allí no pasaba. Ahora podemos mirar en la política a muchas caras limpias de todo pecado, risueñas por el auxilio de un buen maquillaje, con una amplia sonrisa congelada, pero proyectada con sobrada vehemencia, al afirmar y reafirmar que lo arreglarían todo si votas por ellos. Todo sabemos que esto es de mentira y que dura mientras persista la proposición como el mejor candidato.

En este entusiasmo colectivo modelan un motón de poses de toreros andaluces, que empiezan con gestos parecidos el día que dispusieron a entregarse a Dios, con la primera comunión. Esto no es un comportamiento muy variados, porque la pugna es encarnizada y que convierten en los fotografiados anuncios, que se multiplican en la medida que avanzamos a la recta final de esta contienda, pero tenemos que agregar, esas miradas a lontananzas en remedo del inolvidable Jorge Negrete, o el ceño fruncido de Miguel Aceves Mejía con su malagueña, o a la inmortal Lola Flores despeinada en su pasodoble español, pero siempre con esa danza, al vaivén de los vientos de esta época. La verdad es que no se ha escatimado esfuerzo por una presentación representada, en donde se ha desaparecido cualquier pecado del cuerpo y la carne, sabrá nuestro Señor bajo que indulgencia divina.

Lo malo es que todo anuncio lo embaluman con el abundantes pegote de engrudo, a pesar de que no es permitido por la Ley Electoral, lo mismo que clavar las estacas en los árboles, con el sufrimiento silencioso por semejante gravamen. Vamos a ver en adelante y por buen tiempo, en las mismas caras esa gélida burla que los orillará a quien no triunfe, que son los más, que se quedará sin ganas de recoger las toneladas de dichos anuncios, que nos los aguantaremos mientras el tiempo liberador limpie la naturaleza circunscrita.

Son las noches eternas preñadas de soldados (as) envueltos en una eterna procesión de escaleras sobre postes, frondosos árboles, en los barrancos y laderas, en ese desafió de encaramar los armatostes lo más alto posible, para evitar que se los dañen, los pongan bizcos, los dejen con caries o les agreguen rótulos alusivos al son de la burla. A veces en los apuros de imprenta, los destiñe cualquier breve insolación, como un reclamo al engaño empinado.

El Código Electoral, en el artículo 2, aparte 4 y 5, prohíbe los anuncios políticos de candidatos o partidos en las oficinas, dependencias o edificios públicos, aparte de prohibir el uso de símbolos patrios, lo mismo que de identificación con el Tribunal Electoral o la Fiscalía. Lo cierto es que los magistrados y el señor fiscal Electoral, les han dicho de todo, a pesar de que en antaño fueron embriagados con múltiples halagos y piropos, para entorcharlos como los mejores de siempre, en esta eterna batalla en pos de la democracia. El artículo 30 advierte a los funcionarios sobre el deber de evitar el apoyo a sus favoritos en hora de trabajo. Esto provoca denuncias a las que no pongo atención, por el cotorreo sobre las arbitrariedades y abusos. Me apego a la esperanza de que pronto baje esta fiebre de semejante altura, mientras los vocingleros les dé por decir quién ganó y se aplaudan las encuestas, a pesar de que dicen que el voto es secreto.

Debemos buscar el lado bueno, porque las mentiras se resbalan con tanta facilidad con cada participación, que hasta los mudos se las ingenian para destacarse en público. No hay velorio al que dejen de asistir, las fiestas y los eventos públicos, son apropiados para verlos cómo posan, se ríen, besan niños, abrazan a viejos(as) con envidiable muestra de condescendencia, que hasta provocan envidia. Lo que no acabo de entender es la astronómica inversión para semejante sacrificios por la patria.

Pero no acabo de entender tanta inteligencia, bordeada de una ternura que conmueve al más resentido. Todo lo arreglan y jamás han matado ni una mosca, pero el escándalo que escenifican, la burla cuando tienen el poder y todas esas cosas que nos tenemos que aguantar, hasta que Dios los deje en ese afán por alcanzar una posición en este rejuego político.

ABOGADO