Temas Especiales

28 de Oct de 2020

Alfredo A. Arango R.

Columnistas

Resaca del mundial de Brasil...

‘A lo largo de los encuentros, la presión del grupo hizo que afloraran todas las transformaciones posibles...’.

El fenómeno mediático del Campeonato Mundial de Fútbol, me atrapó como a millones de personas en una vorágine de pasiones, que me hizo recordar cine de culto megaapocalíptico; como ‘Los juegos del hambre’ y los monstruosos torneos de vida o muerte de los antiguos gladiadores en el circo romano.

Digno de reflexión, para mi profesión, es el comportamiento de los fanáticos y simples espectadores; frente a la cancha, donde verdaderamente se arriesgan los jugadores, ante el frenesí de una turba que pareciera necesitar héroes perfectos, que cumplan sus expectativas y les den sentido a su vida. Pobres deportistas millonarios, sujetos al escaneo del mundo entero, sin ninguna posibilidad de equivocarse; títeres del mercado consumista y de un deporte que es arte y equilibrio en su apasionada ejecución.

A lo largo de los encuentros, la presión del grupo hizo que afloraran todas las transformaciones posibles, tanto individuales como colectivas. Personas reservadas, se pintaron las caras o disfrazaron de aves de colores; hombres recios se maquillaron de personajes surrealistas; niños, madres, novias, esposas, papás; dejaron sus envolturas cotidianas para convertirse en una mancha más del color de otra mayor. En las calles, vestíamos las camisetas y banderas para distinguirnos; como un símbolo de estatus; de pertenencia a un equipo y a un país.

La fanaticada, aprovechó para descargar todas las emociones necesarias, que le devolvieran el equilibrio, ante la realidad de sus vidas. No hubo distingos de razas ni clases sociales; todos gritaban, todos brincaban y todos rugían ante las faltas o ante los goles. Por los colores del equipo se daba todo; en una entrega absoluta; como una rara y necesaria sensación de adorar a alguien.

En los representantes de los países, (Organizadores, jugadores, espectadores, Mass Media Tech) se mostraron todos los sentimientos: buenos y justos, irreflexivos o calculadamente oscuros, frente a los eventos. Se demostraron todas las leyes del trabajo en equipo; desde las más científicas, en su coordinación y estructura; hasta las disfuncionales, las disgregadoras. También las reacciones frente a la presión y el miedo a fallarle a sus seguidores (emoción extrema que juega en contra del jugador). Vimos ejemplos de inteligencia grupal; de un sincronismo reloj; considerando los subgrupos y un antiequipo de solitarios frente a un líder superior; al que no pueden alcanzar.

Nos robaron una parte de nuestra memoria, de tanto almacenar puñados de marcas, dispersas en las vallas de la cancha, des/apareciendo como telón de fondo; disolviéndose en ‘triccks’ que no nos dejaban parpadear. ‘Top Of Mind’, en marcas de carros, en líneas aéreas, en aceites para autos, en tarjetas de crédito, en camisetas, tacos, ‘et outres’. Qué HUBLOT flujo de dinero.

La publicidad, entró, nos arrolló y consumió. No con mala intención, sino como su ‘Razón de ser’. Nos entregamos, recostamos, interactuamos con ella. Sentía a través de la persona en las gradas gritando de alegría... que podría ser yo.

Me dice una colega, amante de la Psicología Deportiva, que, en algunos de estos equipos de meganivel, cada jugador tiene su psicólogo. Podrán ayudarlos a entender los sentimientos postorneo. Estoy seguro de que a muchos les mueve también el entender que además de actuar como ‘súper combatientes’, le toca retomar el control. Igual que a nosotros; a todos los involucrados... (Como seguro se está empezando a procesar). ¡Hasta el próximo Mundial!

PSICÓLOGO Y ESCRITOR.