Temas Especiales

22 de Oct de 2020

John A. Bennett N.

Columnistas

¿Controles necios?

‘... los precios se forman cuando un empresario decide que algo le puede dar ganancias...'

Controlar precios es dirigir el comportamiento ajeno. Es tener poder sobre otros. Es obligar a actuar en contra de nuestro criterio y voluntad. Si obligamos al comercio a aceptar criterios ajenos ¿qué estamos instituyendo con ello? De acuerdo al Instituto de Estudios para una Sociedad Abierta (ISA), las sociedades deberían procurar mayor inclusión y no exclusión. Cada quien hace y aporta según sus conocimientos, habilidades, motivaciones, y tal; pero jamás porque se les obliga.

No hay que confundir lo señalado con las prohibiciones que la ley impone sobre actos inmorales que van en contra de los derechos humanos; tales como la vida, honra y bienes. Lo inmoral es dictar a los ciudadanos cómo caminar, respirar, comer, vender, comprar, bailar, etc. Y, cuando los gobiernos comienzan a dictarnos en estas cosas, vamos por muy mal camino.

Dictar precios era común en la Rusia comunista; en donde lo que vendes no se considera tuyo, sino de la comunidad. Menos mal que en Panamá por ahora la medida es provisional y esperemos que aprovechen este tiempo para estudiar los verdaderos orígenes de los precios altos; para lo cual hace falta entender lo que es un precio.

Lo que está en las etiquetas en las tiendas no es precio, sino lo que pide quien vende; pero puede llegar un cliente y ofrecer la mitad de eso; y si el vendedor acepta, ahora sí tenemos un precio. Sin embargo, ese precio no es fijo, porque igual puede entrar otro y ofrecer menos, aceptar lo que dice la etiqueta o no comprar.

Cuando permitimos que terceros se entrometan entre las partes, particularmente tratándose de políticos, lo que estamos haciendo es agregar distorsiones y complejidad en algo que ya de por sí es inmensamente complejo. El mejor gobierno es aquel que logra más con menos. A contracara tenemos que los gobiernos que van asumiendo más y mayores compromisos a través de controles, lo único que están haciendo es sembrar las semillas de su fracaso o colapso, junto con la de su pueblo.

Se nos dijo que era necesario controlar a los especuladores; pero jamás quedó claro quiénes eran. Ahora que van saliendo las listas de multados, y que mayormente vemos que se trata de las abarroterías del interior, de pronto nos desayunamos con que los malos de la película son los comerciantes asiáticos. ¡Por favor!

Un abarrotero del barrio tendrá un número limitado de productos, mientras que un gran supermercado tiene miles de productos. Si le impones límite a 20 productos del abarrotero, ese que te está dando el servicio de estar allí mismo en donde puedes ir en chancletas y con rollos, le estás creando un gran hoyo económico. Pero ese no es el caso de los grandes supermercados con miles de productos, que pueden pasar los márgenes a otras mercancías.

El verdadero problema es que el dólar cada día vale menos y compra menos; mientras que la comida jamás estuvo tan barata. Si ajustamos los $160 que ganaba al mes una empleada en 1950, hoy ello equivaldría a no menos de unos $1,600. Tristemente, la pérdida de valor del dólar a quienes más les ha robado su trabajo y ahorros y poder adquisitivo es a los más pobres.

En fin, los precios se forman cuando un empresario decide que algo le puede dar ganancias, porque otros están dispuestos a pagarle un valor más alto de lo que le costó ponerlo en venta; y así va surgiendo la cadena de distribución de productos y servicios. Si hay problemas no están en el mercado, sino en los controles y la mala gobernación.

El tema es sumamente complejo y extenso, pero resumo con un ejemplo de las consecuencias de la imposición de un precio límite a la leche. ¿Qué incentivamos con ello? Pues, que los productores comiencen a producir más queso y helados, que no están controlados. ¿Es esto lo que buscamos?

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