23 de Feb de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Solo Moncada Luna tiene apartamentos nuevos?

Columna de Opinión

Cuando, contrario a todo consejo, Ricardo Martinelli nombró a Alejandro Moncada (desconozco su segundo apellido, pero no es Luna) se sabía que no tenía la más mínima capacidad para ocupar un cargo dentro de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en ese momento con una imagen bastante deteriorada.

Moncada, si bien abogado, no tenía mayor trayectoria como tal. Durante el gobierno de los militares fue uno de los censores —cerrador y perseguidor de medios de comunicación— del Ministerio de Gobierno y Justicia de Popito Chiari de los medios opositores a los militares. Pérez Balladares, por alguna razón que solo él conoce, lo nombró director de la Policía Técnica Judicial, y de allí la CSJ lo destituyó por denuncia contra él interpuesta por el entonces procurador José Antonio Sossa.

Martinelli no lo designó por sus conocimientos jurídicos ni por su preparación académica. No aparece una línea escrita por ese señor en ningún diario del país, menos haber producido libro alguno. Jamás dio clase en ninguna universidad. Entonces, ¿por qué lo nombraron, si no era para que administrara justicia imparcialmente? Para eso, precisamente, para tener alguien a quien mandar en el momento requerido y para hacer otras cosas, de seguro más productivas. A Moncada se le acusó de manipular los expedientes para lograr así que algunos ‘importantes’ le quedarán en su despacho. Cargará en sus espaldas el histórico fallo a favor de Financial Pacific, hoy en liquidación y con muchas ‘bellezas’ adentro.

La única vez que lo visité en la Corte, junto a mi socio Víctor Martínez, fue para hablarle de lo demorado que estaba en la Sala Tercera el reintegro del comisionado Roberto Joudry, injustamente destituido de la Policía por el arbitrario de Gustavo Pérez. Nos dijo que tenía aguantado ese expediente (tres años después todavía lo tiene así) porque el presidente, para hacerle un favor a Pérez, se lo había pedido. Fue Moncada el primero en negar las justas reclamaciones de los quemados el 23 de octubre de 2006, por órdenes superiores de Martinelli y de su primer ministro de la Presidencia. Ahora el locuaz expresidente lo sale a defender y dice que ‘Moncada puede justificar todo real que tenga’. Válgase Dios, dirían los cubanos.

Ahora le sacan que compró un apartamento de más de un millón, cuando ya tenía uno (donde vive) por más de medio millón. El gasto en vivienda de cualquier persona solo es una fracción de los demás gastos; el ‘tamal’ tiene que ser más grande. Dicen que lo pagó en efectivo. Pero ¿se habrán preguntado si, en vez de haberlo comprado en efectivo, se lo habrá ‘regalado’ algún amigo agradecido por algún ‘favor’ que le hizo? El supuesto ‘vendedor’, al final de cuentas, muy vinculado con el antiguo círculo del poder. Recuerdo en una ocasión un magistrado, exalumno mío (no Ayú Prado), me dijo que no veía la necesidad de que sus colegas en la Corte buscarán ganar más en coimas, si tenían un excelente salario.

Ricardo Martinelli creó ese monstruo, así como muchos otros, como por ejemplo los diputados tránsfugas que de la noche a la mañana aparecieron con lujosos apartamentos en Costa del Este. Si bien a nuestro país poco le faltaba que la clase política lo terminará de prostituir, el empeño de Martinelli fue enorme e incansable en ese sentido. Desconozco cuántos nuevos millonarios se hicieron bajo el patrocinio del antiguo presidente, a pesar de que su crítica al gobierno anterior era que ‘Entraban limpios y salían millonarios’.

Aunque lo ve distante y bastante difícil, el país quiere que se dé una buena lección a estos delincuentes. No solo moral, que ya la tienen ganada, sino en su pecunio, devolviendo lo que le robaron a las arcas del Estado y, de paso, que los encierren por un buen tiempo en La Joya.

ABOGADO