Temas Especiales

31 de Oct de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Textos y tonadas de himnos y poemas

El público local no se pone de acuerdo sobre asuntos tan claros como la cadencia o entonación de estos temas representativos panameños

La ceremonia de entrega de los premios Miró 2014 tuvo varios contratiempos relacionados al protocolo y casi se convirtió en un mal espectáculo. Al final, presentaron un cantante que no dudó en reconocer sus aprehensiones con el escenario y soltó algunas frases que parecían tener de contexto una cantina de barrio. Luego, se invitó a una chica para que interpretara el poema ‘Patria’ y las brujas del olvido dominaron a las musas inspiradoras.

Ante el balbuceo de la recitadora, la directora del Instituto Nacional de Cultura (INAC) se impacientó, subió al escenario, llamó la atención a la despistada declamadora y sacó un celular para leer los versos de Miró, mientras la audiencia y a fin de culminar el desabrido acto, le acompañó en el contenido que faltaba y que aludía a la dimensión nacional, sobre todo por este contexto actual de la gestión cultural.

Hace unas semanas, otro incidente abrió esta serie de desatinos en cuanto a la interpretación de nuestros cantos patrióticos. La joven entró al tinglado donde pelearía Anselmo ‘Chemito’ Moreno en una ciudad estadounidense para defender su título de la categoría del boxeo. Ella entonaría el himno panameño y apenas comenzó, sintió que no recordaba la lírica de las estrofas y el ritmo empezó a sufrir requiebros por la negligencia con el texto.

El público local no se pone de acuerdo sobre asuntos tan claros como la cadencia o entonación de estos temas representativos panameños. La cantautora Erika Ender hizo una adaptación del himno nacional en tiempo de balada y la vocalizó durante la ceremonia de los premios Musa Awards. Hubo opiniones variadas, pero a diferencia del caso norteamericano —que brinda libertad de interpretación— en Panamá la armonía está regida por una norma.

Existe una versión oficial que debe ser seguida por quienes vocal o instrumentalmente van a cantar este símbolo patrio. Las disposiciones lo contemplan y hasta definen las sanciones cuando no se sigue en su musicalidad y letra el patrón establecido. Parece imposible equivocarse con las tecnologías modernas y los aparatos para ‘traspuntes’ electrónicos que impiden a quien canta o expone un documento poético, fallar u olvidar una parte determinada.

Pero además de esta restricción al libre albedrío en ámbitos que se refieren a asuntos de tanta emotividad, habría que resaltar sobre el problema que al parecer se extiende, incluso fuera de las fronteras del país. Lo peor es que cada vez que ocurre, además de enrojecer de vergüenza los protagonistas, se pone en ascuas la sensibilidad de quienes atestiguan estos desaciertos a través de una pantalla u otras formas de transmisión audiovisual.

No hay dudas de que en la formación musical de los jóvenes, se pone mucho entusiasmo para que ellos puedan contar con capacidades en todo tipo de interpretaciones y se percibe la formación de bandas y grupos que hacen gala de sus cualidades. Sin embargo, se hace imperioso que se conozca sobre el rigor y el compromiso que se debe asumir con los valores cadenciosos y que no se trata como en los desfiles de hacer gala de fulgor circense.

Esa falta de responsabilidad hacia este tipo de manifestaciones por el común de la población, es la que ocasiona poca seriedad y trae como consecuencia que, en algunos casos, se produzcan episodios de olvidos, pérdida de esa ilación del discurso poético o en la secuencia de las notas y trastorna los resultados para el enojo, congoja y pena ajena de quienes atestiguan los desatinos de la armonía sonora.

Esta es también una variante de la política cultural que debemos enfrentar en los próximos años; un mayor nivel de conciencia sobre los valores inmateriales que constituyen un patrimonio común y cuya interpretación nos llena además el espíritu.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.