Temas Especiales

02 de Jul de 2022

  • Vicente A. Caballero Díaz

Columnistas

Causas y efectos del trabajo informal

Esta realidad histórica se refleja en la deserción escolar, analfabetismo, salud y desnutrición.

Se ha enfatizado en los últimos años sobre la situación en Panamá del trabajo informal, el cual debería encaminarse hacia la formalidad. El trabajo informal es tan antiguo como el hombre; pero actualmente es materia de consideración en América Latina y el Caribe, especialmente por ser un tema sensitivo que ha sido retomado por la Organización Internacional del Trabajo. En la Región existen 130 millones de personas de todas las edades con ocupación informal; sin la atención o protección por parte del Estado. Esta realidad histórica se refleja en la deserción escolar, analfabetismo, salud y desnutrición.

Por los años 2009 al 2012, el porcentaje del trabajo informal estaba por el orden de los 50 % a 47.7 %, índice que llama la atención, en virtud de los datos estadísticos que registran un crecimiento porcentual de Panamá y de muchos países latinoamericanos. Con estas apreciaciones sociales, deseamos reafirmar que el tema tiene que ser prioritario tanto a nivel local, como regional y mundial. Para responder a esta situación emergente, se imponen acciones y políticas a nivel estatal con el apoyo de la empresa privada, una entidad que ha realizado su trabajo en este sentido, pero que, con otras políticas motivadoras, se podría captar en esos niveles mano de obra capaz de realizar un trabajo productivo. En este orden es justo indicar lo indispensable y urgente que es capacitar esa población informal que, aparte de no contar con un empleo, no reúne el mínimo perfil para desempeñarse en un trabajo formal.

A mi juicio, esta consideración es el talón de Aquiles y no tiene reversa. Se impone, desde luego, desarrollar programas a corto plazo de capacitación mínima de esa población desempleada que se debate en las esquinas de las calles, aceras o semáforos sin la menor consideración por los ciudadanos. Esta preparación mínima, perfectamente bien, podría ser una fructífera tarea del IPEL en todas las provincias donde opera con MEDUCA.

El Centro Nacional de Competitividad informó recientemente que más de medio millón de personas de la población ocupada se ubica en el rango de la informalidad; es decir, estamos hablando de aproximadamente de 529 672 personas comprendidas dentro de esta realidad social que ha sido materia de interés en Panamá. Y para que analicemos el comportamiento de esta situación, se considera que, de este gran total de la población informal, 299 850 pertenecen al sexo masculino; es decir, el 56.6 % y 229 822 personas responden a las mujeres con el 43.4 %, según cifras emanadas del Centro Nacional de Competitividad. La realidad social nos indica que un grueso de la población citada es menor de edad que realiza titánicos esfuerzos por llevar el sustento cotidiano a sus hogares. Esta es otra realidad que no podemos ocultar con todas las recomendaciones que la Ley establece en torno al trabajo de los menores.

Esta realidad social que apreciamos a diario sin mayores comentarios, incide negativamente en la economía del país. A todas luces, según los últimos datos obtenidos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1,694,787 personas están ocupadas en la República, información que se desprende de los diferentes boletines informativos sobre este tema social.

Pero el tema fundamental del Trabajo Informal a la Formalidad no se queda en una contemplación romántica o radical. Las miles de personas comprendidas en este rango de la informalidad afectan no solo la economía del país, sino su estándar de vida. Estas personas constituyen sin un calificativo peyorativo una carga al no cotizar los servicios de salud y no aportan al tesoro. Y si se hace un análisis de esta deficiencia, concluimos que este grueso de panameños y panameñas constituyen una carga social involuntaria. Agregamos un elemento desgarrador y es que este porcentaje significativo de la sociedad debe ser sujeto de alguna legislación más humana, que le permita en menor o mayor grado una protección social. Esta población que responde a una inminente economía informal, aparte de no estar protegida, da origen a brotes de inconformidad callejera, cierre de calles, hurtos y violencia familiar. Estas confrontaciones de mal sabor se reflejan posteriormente en los Centros de Privación de libertad que, en esencia, los Gobiernos no pueden mirar hacia otro lado ni la empresa privada que, hoy día en Panamá, ejerce un impacto social digno de reconocer y admirar.

*EXLEGISLADOR, EXALCALDE, EXCONCEJAL.