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20 de Nov de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Travesuras vocálicas sobre el escenario

De allí por ejemplo, los relatos del rey David, que darían vigencia a la salmodia basada en textos bíblicos

La voz humana, nuestro principal y más antiguo instrumento de comunicación, posibilitó por su completa y variada forma de manifestación, expresar diferentes estados de ánimo. Los cantos quizá tuvieron un origen religioso; en el deseo de compartir y celebrar grupalmente las distintas formas de rendir culto a una divinidad. De allí por ejemplo, los relatos del rey David, que darían vigencia a la salmodia basada en textos bíblicos.

Los grupos corales que se desenvolvieron en casi todas las culturas primitivas, se esforzaron técnicamente en hacer una combinación de los diversos tipos de voz, una especie de canal que permitiera trasladar la armonía a las sensaciones, tanto al propio colectivo que evocaba estos sentimientos, como a la audiencia que escuchaba. De allí los conjuntos luctuosos en la tragedia griega, los coros de las catacumbas hebreas y la modalidad corporal egipcia.

Cuando apareció la música polifónica, cuya estructura permite combinar varios formatos de entonación con letras y ritmos desiguales, pero que suenan en contrapunto para dar un nuevo significado a la eufonía, se alcanzaron posibilidades que hicieron llegar esta forma de arte a una nueva dimensión.

Hace una semana, hubo en la ciudad de Panamá varias actividades que hicieron recordar este camino que han recorrido muchos y variados ejecutores a través de la historia. Entre ellas, dos presentaciones llenaron la atmósfera del Ateneo de la Ciudad del Saber. En primer lugar, la cantante Yomira John en el contexto inaugural de su disco ‘Solita’ y luego, el sexteto vocal argentino Cabernet, en una gira que toca por primera vez estas costas.

Esta intérprete se formó en la música religiosa y joven se fue a México a estudiar. Allí se dedicó a cultivar su extraordinaria voz y adquirió un dominio sobre la ejecución y los matices, de acuerdo al tipo de efecto a lograr. La vida nocturna es además una escuela, porque enfrenta al artista con el exigente público. Tuvo también experiencias en Francia y con la orquesta centroamericana La Papaya, dirigida por el maestro Manuel Obregón.

Ha grabado varios discos y ha tenido múltiples experiencias míticas de viajes e increíbles conciertos que le han permitido conocer lo profundo de diversas culturas. Por eso, su canto recoge influencias plurales y está dotada de la capacidad de desdoblarse desde un cántico de ascendencia africana, pasar por la cadencia caribeña, la tamborera panameña y finalizar con un romántico éxito de la canción francesa.

Su presentación se inició con el clásico La Bohème, original de Charles Plante y Charles Aznavour en 1966. Fue un largo homenaje a este tema y al carácter vodevilesco en que se insertaba su espectáculo, que transcurrió en un abigarrado escenario e incluyó hasta una cama. Ella interpretó una amplia gama de su trabajo, incluso melodías del repertorio rural panameño. Finalizó con ‘La vie en rose’, escrita por la célebre Édith Piaf.

Formado en la más tradicional polifonía sureña, pero con influencias de agrupaciones norteamericanas, el sexteto Cabernet, también ocupó el proscenio para brindar su trabajo variado. Con piezas que recorrieron diversas capitales, incluso colombianas y cubanas con ‘Lágrimas negras’; ellas dieron muestras del manejo de esta forma de la canción, que se hace acompañar de pocos instrumentos y otros se remedan con efectos vocálicos.

Cabernet estuvo precedido de un cuarteto panameño de influencia espiritual religiosa y sorprendió por su destreza de combinar las voces en este formato. Su manejo de la cadencia es tan bueno, que los protagonistas argentinos le invitaron y ambos, intercambiaron sus registros para brindar un inolvidable momento en esa noche producida por Oscar Producciones.

Ambos conciertos constituyen un hito, porque no se concretaron a un único estilo. Yomira y Cabernet son cajas de sorpresas que nos susurran variadas ensoñaciones rítmicas para fortalecer el espíritu.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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‘Yomira y Cabernet son cajas de sorpresas que nos susurran variadas ensoñaciones rítmicas para fortalecer el espíritu...’