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15 de Nov de 2019

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Mariela Sagel

Columnistas

Nepotismo y corrupción

Estamos viendo cómo el hermano y el consuegro del expresidente Martinelli son señalados por actos de altísima corrupción

Durante la semana pasada, en medio de noticias nefastas en el mundo —el accidente aéreo que ocurrió en Francia, que todo apunta a que fue provocado por el copiloto— y desastres naturales, nuestra cotidianidad no ha estado exenta de sobresaltos. Pareciera que ya nos hemos acostumbrado a que se destape a diario algún acto de corrupción del Gobierno anterior, y que salga una lista de los que se les ha retirado la visa de Estados Unidos, con la pataletita desesperada de una de las que estaba en esa lista. Las próximas dos semanas, por la Semana Santa y la celebración de la Cumbre de las Américas, a menos que se vuelva a quedar sin energía eléctrica el Aeropuerto de Tocumen, para vergüenza de todos los panameños, nos limitaremos a orar, reflexionar y seguir de cerca lo que ocurra en la reunión continental que se verificará en Panamá.

Pero un hecho que ocurrió durante la semana pasada, que nos dejó incómodos por el desparpajo con que el funcionario dijo en televisión que tenía en planilla de la institución que dirige hasta a la suegra —y eso es decir mucho— aparte de ser causa de bromas y memes, es inaceptable. Lo que no comprendo es cómo algunas personas del actual Gobierno critican con tanta propiedad que ‘ese no es el estilo del Gobierno de Juan Carlos Varela’, cuando de todos es conocida la cantidad de parientes y sus cónyuges que ocupan puestos de mando y jurisdicción en el entorno gubernamental.

Se define el nepotismo como la preferencia que tienen los funcionarios para dar empleos a familiares o amigos, sin importar el mérito para ocupar el cargo, sino su lealtad o alianza. Hay teorías que señalan que en países donde se practica la meritocracia (en su concepción de darwinismo social) su uso es generalmente negativo y se considera corrupción. Definiendo la meritocracia, en este caso el mérito que tenga una persona en ocupar un puesto por el simple hecho de ser familiar de alguien con cierto nivel de poder en un Gobierno o una empresa. Aquí las acciones que emprendan esos nombrados por su pariente están determinadas por el interés y provecho de su familia.

Estamos viendo cómo el hermano y el consuegro del expresidente Martinelli son señalados por actos de altísima corrupción, el primero se ha refugiado en un hospital, alegando que está enfermo y el segundo está en la Gran Joya, que pareciera fue planeada para el retiro de los miembros de la mafia sincronizada que nos gobernó el lustro pasado.

Pero no hay que olvidar las excusas del actual ministro de la Presidencia, de que el nombramiento de su sobrino no era nepotismo, porque estaba bien calificado. El director del IMA, el que tenía en planilla cuatro familiares (incluso a su suegra) alegó que trabajaban hasta 18 horas diarias. Ni dejar de lado que hay cuñados, hijos, hermanos y cónyuges de actuales ministros (aunque sean consejeros) y viceministros nombrados en posiciones de dirección importantes, en embajadas y consulados, sin que tengan los méritos para ocupar esas posiciones. Como también que los allegados a grupos sociales de poder, que se dice son los que ponen y quitan, están dirigiendo coyunturales instituciones.

No vayamos a caer en el vicio de disculpar el nepotismo, porque algunos papas nombraron cardenales a supuestos sobrinos en la Edad Media —como ahora todo se vincula a lo que ocurre en el Vaticano— o que Napoleón, emperador de los franceses en el siglo 18, nombró a su hermano José Napoleón (apodado Pepe Botella) rey de España. El nepotismo, venga de donde venga, es corrupción y si este Gobierno se comprometió a ser transparente y erradicar este mal debe dar el ejemplo. Si son tan eficientes y tan dedicados esos parientes, que hasta trabajan 18 horas en un día, no faltarán empresas y bufetes de abogados que los nombren, incluso con mejores salarios que los que devengan en el Gobierno.

ARQUITECTA Y EX MINISTRA DE ESTADO.