Temas Especiales

02 de Apr de 2020

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

Son 80 años: ¿cómo calificamos a la UP?

‘... resultaría poco justo descalificar —o calificar bajo— el papel efectivo que ha venido cumpliendo la Universidad de Panamá'

Estamos conscientes de las dificultades que ha vivido una institución que está en la puerta de su vida octogenaria. Ella ha transitado por momentos difíciles no ajenos a la convulsionada actividad política en un país donde los conflictos son un deporte de raíces profundas. También por los conflictos internos. Aún así, el sistema universitario se ha mantenido, y extendido, siendo la respuesta de educación superior para miles de panameños. Lo ha sido, lo es y lo seguirá siendo.

Desde nuestra humilde apreciación, resultaría poco justo descalificar —o calificar bajo— el papel efectivo que ha venido cumpliendo la Universidad de Panamá. No solo es la misión de instruir a la intelectualidad panameña, lo que ya de por sí es un rol esencial para la nación, sino lo que ésta —la universidad— representa para la cultura y la ciudadanía —incluida la cultura de paz—, al ser la academia pública el espacio de las oportunidades de miles y miles de jóvenes que hoy son parte de las estadísticas de los profesionales. En la balanza de la verdad habría que reconocer que pesa más lo bueno que cualquier signo de descalificación.

Nada de lo anterior niega, más bien reconocemos y lamentamos, las limitaciones que afronta la institución y la necesidad de mejorar procesos y de revisar decisiones. Pero las confrontaciones han conducido a una percepción que no necesariamente retrata la realidad de lo que es y seguirá siendo la esencia universitaria. Es una percepción que no hace justicia al trabajo académico de miles de docentes, en su gran mayoría formados en la UP, y que, con dedicación y esfuerzos, continúan perfeccionándose, porque son conscientes de la necesidad de instruir mejor al alumnado.

Tampoco se hace justicia a la aspiración de los jóvenes que llegan a la UP en medio de situaciones difíciles de sus economías familiares —que vienen de hogares de ingresos irrisorios, pero que abrazan un sueño. Para estos jóvenes de toda la geografía nacional se les abre un horizonte de oportunidades y deben saber que ingresan a una institución de calidad y que está acreditada. Que ingresan una de las 19 facultades del campus, pero también en las sedes ubicadas en los lugares más apartados; nos referimos a los Centros Regionales, las Extensiones Docentes, a las universidades del trabajo y de la tercera edad; a los 32 programas anexos.

La verdad es que al tener contacto con las sedes descentralizadas (que ahora son diez), es fácil corroborar que las condiciones que ahí se ofrecen a los estudiantes no las encontramos en las otras unidades administrativas que igualmente imparten educación superior (particular). En aquellas sedes, con importantísimos avances, se oferta una plataforma diversificada de carreras que responden a las necesidades de sus regiones. Y si algo hace falta, porque sí hay cosas que mejorar, son mayores recursos, mejores presupuestos, para seguir extendiendo la extraordinaria función social que cumplen estas instituciones descentralizadas de la UP.

Los universitarios debemos coincidir en la necesidad de que al sistema universitario público se le dote de los recursos; que haya sostenibilidad presupuestaria para seguir desarrollando la función estratégica que para el país desempeñan las universidades públicas. Que se cumpla, en esa visión de equidad promovida por VII Cumbre, lo propuesto por el presidente Juan Carlos Varela, cuando invitó a los mandatarios de las Américas, a ‘asumir enorme responsabilidad con la educación superior'.

DOCENTE UNIVERSITARIO.