25 de Feb de 2020

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

El gran reto del Toro

Tengo que reconocer que me alegró mucho ver el anuncio inicial del doctor Ernesto Pérez Balladares

Tengo que reconocer que me alegró mucho ver el anuncio inicial del doctor Ernesto Pérez Balladares sobre sus intenciones de salir a unir al partido que fundó Omar y buscar la Presidencia de la República. Y me gustó porque, como todos, estaba viendo el deterioro in crescendo del partido, donde ya prácticamente éramos solo una manada buscando acomodarnos. Balladares es quizá la última esperanza de unir al PRD.

Hasta 1981 la unión era evidente y cerrada. Muerto Torrijos, empezaron las divisiones internas, aunque nunca para elecciones. Pero con la muerte de Hugo Spadafora, amigo él tanto como su padre Carmelo, miembro prominente del partido, hizo que un número significativo del PRD lo abandonara, algunos temporalmente, esperando la caída de Noriega. Ya en democracia, desde la elección de 1994 afloraron claras señales de que el partido no era el mismo. Ejemplo, Balbina Herrera, un pilar del partido, en esa elección abiertamente apoyó a la candidata Caries, del Papa Egoró para la Alcaldía de San Miguelito. Y el partido sienta la pauta de que quien vote contra nuestros candidatos, no será afectado.

Sin embargo el partido, que muchos daban por debilitado, gana las elecciones de 1994 con una excelente campaña de Pérez Balladares y, aunque el partido en su Gobierno se empieza a debilitar, mantiene fuertes los frentes de masa (empresarial, femenino, juventud, obrero) y llega al final del mandato con una fuerza aparente que lo lleva a proponer una reforma para permitir la reelección. Todo cambió con la derrota del cambio, Balladares pierde interés en el partido, la escogencia del candidato debilita aún más al mismo, la candidatura finalmente de Martín Torrijos no recibe calor del Ejecutivo y pierde apretado con Mireya Moscoso.

Pero el PRD ya comenzaba a debilitarse más. Con Martín en la Presidencia desde 1994 se acaban las consultas al partido, se acaban las reuniones de discusión, se modifican los estatutos y se elimina la comisión política, reemplazada por un grupo de CDN que no responden a capacidad de análisis político, sino a capacidad electorera. El partido rápidamente se vuelve electorero, la mística del torrijismo en el p artido se va borrando. Ya la revolución del talento de que hablaba Omar se remplaza por los allegados, círculos cero y roscas. No se analizan los eventos políticos ni siquiera más adelante se analizarán resultados electorales. Se siembra el terreno para el oportunismo, lo que nos lleva a la elección más extraña en 2009, cuando nadie entiende la relación Navarro-Balbina y la campaña de Balbina Herrera recibe fuego interno de Navarro y hasta, se dice, de Martín Torrijos. Balbina, para mí una de las grandes exponentes del torrijismo, pierde en gran medida por traiciones internas. Pero eso solo iba a ser el principio del problema mayor.

Durante el Gobierno de Martinelli, triunfador sobre Balbina, se lleva más de 15 diputados del PRD, así como decenas de representantes de corregimientos, quienes no veían ya el compromiso con el proyecto Torrijista, abandonado desde 1994 por Martín. El partido parecía sin liderazgo, sin objetivos, sin mística. Para el 2014 ya el partido colapsó. Abiertamente figuras importantes, como Doens, Cárdenas, criticaban al candidato del PRD y se daba por un hecho que votarían con un adversario. En la Alcaldía de la capital, pasó lo mismo. Figuras importantes del partido le dieron la espalda a Fábrega y prefirieron a Blandón. Es sorprendente que el noble PRD, con todas las traiciones, hiciera lo imposible y sacara 25 diputados y el mayor número de alcaldes y representantes.

Hoy, el partido sigue deteriorándose. Ahora ni sabemos si somos Gobierno u oposición. La propia bancada generó seis disidentes que se aliaron con adversarios para dominar la Asamblea. Ya no hay línea partidista. Y ese es el gran reto de Pérez Balladares. Cómo devolverle al partido la mística torrijista, su estilo pasado, su modelo de participación, debate, foros de discusión. No dudo que habemos muchos dispuestos a ayudarlo, a apoyarlo. Pero, ¿no será tarde para recobrar el partido y enrumbarlo nuevamente por su cauce original? En mi recorrer lo que veo es a copartidarios que no están buscando refundar el partido, sino buscando un mesías que logre el apoyo de independientes y nos lleve al poder. Si el Toro no logra convencerlos de que primero el partido y luego la Presidencia, no habrá nada que hacer.

Yo tengo fe en que el Toro, uno de los delfines de Omar, que ya nos levantó con una presidencia ejemplar tras la invasión, sabe cómo hacerlo. Pero, ¿querrá el PRD hacerlo?

ANALISTA POLÍTICO.