Temas Especiales

27 de Oct de 2020

Ramiro Vásquez Chambonnet

Columnistas

Historia inconclusa

En Centro América la lucha armada envolvía a la mayoría de los países de la región.

La decisión final para invadir nuestro país no fue fácil y se tomó algún tiempo para imponerse como consenso dentro de las élites estadounidenses. La pérdida del control colonial sobre la Zona del Canal nunca fue asimilada por las fuerzas más conservadoras del establecimiento norteamericano. La idea de que la dirección político-militar se hallaba en manos pocos confiables fue permeando los centros de decisión alimentados por el extenso lobby de los hombres de negocios panameños.

El escenario internacional favorecía esas intenciones. El contrapeso mundial que significaba la URSS estaba por ser desmantelado produciendo un profundo impacto en un sinnúmero de fuerzas. La política exterior que promulgara la Presidencia de Carter entendida por una nueva relación de negociaciones como vía para resolver los puntos de conflicto y fortalecer la democracia y los derechos humanos, había fracasado. La necesidad interna de superar el síndrome de la derrota de Vietnam obsesionaba a las corrientes conservadoras norteamericanas. En Centro América la lucha armada envolvía a la mayoría de los países de la región.

En 1983, el Consejo Nacional de Seguridad de USA, para evadir la oposición del Congreso en el suministro y ayuda a los ‘contra' de Nicaragua, organizó un puente aéreo para trasladar desde Panamá cuantiosos cargamentos de droga con los que inundó las ciudades estadounidenses. Dos años después Panamá le niega al CSN el uso de su territorio para el entrenamiento de los ‘contras' aduciendo que violaba los Tratados Torrijos-Carter. Esa posición fue interpretada, por los grupos conservadores, más beligerantes y agresivos como un acto de hostilidad a la política de seguridad nacional norteamericana.

De la noche a la mañana, Panamá, que no contaba en la agenda de prioridades de políticas de seguridad, pasa a ser tema de debate; y es considerado una nación dirigida por militares izquierdistas y un país inseguro y hostil. El primer diseño de respuesta de la derecha norteamericana es rechazada por el Departamento de Defensa y la CIA que se oponen a un ‘derrocamiento rápido' de Noriega, mientras no surgiera un sustituto confiable en las FF.DD. y en el Gobierno, con un dirigente que fortaleciera un proyecto ‘democrático'. Esa falta de consenso crea las condiciones para una negociación. A partir de 1987 se presentan las propuestas para el retiro de Noriega. Éste, en el transcurso de esas gestiones va recibiendo propuestas contradictorias y sin coordinación que le hacen creer que no hay verdaderas intenciones para obligarlo a abandonar el cargo y depurar la institución. Según el escritor Félix Puga, el lobby panameño, logran que en 1988 el Departamento de Justicia abra una causa por tráfico de drogas y lavado de dinero contra Noriega en un tribunal de la Florida. Ese lobby panameño se apoya en el asesor para Panamá y Centroamérica E. Abrams, considerado por el Pentágono como un ‘ideólogo fuera de control', para empujar al Departamento de Estado a una lucha frontal en contra de la dirección político-militar que dirigía al país.

Tratando de ganar tiempo en búsqueda de un consenso se crea un plan de desestabilización basado en una ‘Ley de poderes económicos para urgencia' que facilita el cerco económico, político y militar sobre Panamá. Nuevamente el Pentágono se opone a extender esas presiones hacia una eventual invasión. La idea era que ‘al final se esperaba que la presión popular encabezada por las capas medias, sacara a Noriega. ‘Ese plan también fracaso'. Este último intento deja a la derecha norteamericana sin su fuerza interna de apoyo.

Qué ocurría mientras tanto en Panamá? Con la llegada del Dr. Ardito Barletta a la Presidencia en 1984 se fortalece el programa de ajustes estructurales demandado por los organismos financieros. Ello coincide con los problemas económicos generados por la crisis del petróleo. Como respuesta, en un corto período se producen dos huelgas generales de los trabajadores, siete paros nacionales de la Fenasep y surge Cocina, un poderoso movimiento reivindicativo de las capas medias que realiza dos exitosos paros nacionales. El movimiento social se resiente y toma distancia de la dirección político-militar. La Alianza Democrática de Oposición se apoya en ese descontento y funda la Cruzada Civilista. Según Beluche, se permitió que el peso de estos problemas recayera en las capas medias, las cuales terminaron apoyando la salida de Noriega. El sustento militar del proyecto nacional se debilita con los dos intentos de deponer a Noriega. Las FF.DD. terminan divididas y desmoralizadas. La debilidad estratégica de ese proyecto nacional facilita finalmente que la nueva Administración de Bush imponga el consenso y se decida liquidar de forma directa el modelo de dirección política en Panamá.

El 20 de diciembre fue en realidad una operación limpieza. La estrategia de Torrijos y su repliegue había sido abandonada tiempos atrás. La alianza nacional que permitió la firma de los tratados había desaparecido y los hombres de negocios veían el territorio recuperado como un bien divino para su beneficio como clase. Los militares que acompañaron a Torrijos no eran los mismos que podían dar la batalla por la ‘vuelta al frente interno'. Los hechos del 20 de diciembre están documentados. Los mandos que pelearon yacen muertos u ocultos en fosas clandestinas que esperan su cristiana sepultura. El pueblo solo quería salir de esa pesadilla. El miedo pudo más que las peroratas incendiarias de fuerzas que habían sido descalificadas en el discurso patriótico y de defensa a la patria agredida. Lo que hoy vivimos es el resultado descarnado de esa etapa histórica en la construcción de la nación panameña. Para los héroes anónimos, paz y gloria, allí donde se encuentren.

ANALISTA POLÍTICO