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28 de Nov de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Entonces: ¿qué hacemos?

Indignarnos, manifestarnos, obligar al sistema a expurgarse, castigar ejemplarmente a los malhechores... y que el Estado sea justo

Entonces: ¿qué hacemos?
Entonces: ¿qué hacemos?

A pesar de que algunas autoridades quieren señalarnos que todo marcha bien y que vamos por buen camino, las señales de deterioro son claras. Los tres órganos que conducen el Estado panameño están en crisis. El sistema educativo no nos ha brindado desde hace mucho tiempo una generación integralmente capacitada para corregir el rumbo de la nación. Los medios de comunicación trabajan en contra de la salud social.

Comencemos con el individuo. Al ser humano lo hace sus vivencias, desde su primer día. Esculpido con pinceladas sutiles, o rudamente cortado a medida que transita por su tiempo. Surge de sus necesidades más apremiantes de longevidad y de estabilidad. Moldeado por las historias que lo cautivan, por las influencias de su medio; narraciones de hechos pasados que son de su interés o por eventos creados por el mismo. Por sus observaciones en el afán por mejorar su vida y garantizar la preservación de la especie. Perfeccionar su estado humano.

Lo definen los llantos o carcajadas que va dejando él o sus seres queridos. Su temperamento se limita por lo ideal o lo práctico; lo justo o lo indebido. La vergüenza o el descaro. En fin, por una variedad de influjos que lo envuelven incesantemente a lo largo de su vida: la ignorancia, el conocimiento, la ciencia, la religión, la culpa, el perdón, el deporte, la cultura, la música, el arte, la política, el sexo, la familia, la responsabilidad, la irresponsabilidad, el color de su piel...; la guerra, el dinero, el delito, la tecnología.

Entre esa maraña de situaciones va cimentando su escala de valores, su forma muy particular de ver el mundo y con eso, diseña y rediseña su hoja de ruta con que pretende hacer lo necesario para supervivir y para no dejarse. Ese comportamiento, con todas esas influencias, puede llevarlo en dos direcciones: el camino ingenioso y creativo en la construcción de un futuro digno para él, los suyos y su comunidad o, hacia la decadencia, igualmente, la de él, los suyos y de su comunidad. En este punto, tómese unos cuantos minutos para reflexionar sobre lo mencionado en el primer párrafo. El camino que transitamos. La conducta de los actores. Sus recelos y motivaciones. Nuestra pasividad. Pregúntese si siente orgullo o vergüenza.

Las premisas que históricamente nos han guiado como Nación y como sociedad, han variado profunda y sustancialmente. No existe un criterio unificado de hacia dónde queremos llevar este país; y en ese sentido, el contexto social en la cual operamos también ha cambiado significativamente, dando como resultado la falta de una visión compartida; falta que nos ha permitido observar y vivir la más maliciosa y perversas conducta de avaricia y provecho.

Nuestra clase política y los sectores del poder económico son incapaz de crecer y formular nuevos modelos de accionar. La clase empresarial cuestionada y enmarañada en los entuertos irregulares. ¿Qué tenemos como consecuencia?, tenemos que toda la actividad político-social de hoy la subraya esa conducta. El negociado con los bienes del Estado, el matraqueo vulgar y descarado, el transfuguismo, la compra y venta de conciencia; el trueque desmesurado de los ideales (si es que los tiene) por la oportunidad; es el escenario en donde nuestros hijos crecen, trasmitido por televisión en vivo y a todo color.

Este proceso de decadencia no inició con los años del militarismo. Comenzó después, cuando los que asumieron las riendas del Estado tuvieron la oportunidad, una y otra vez en las últimos décadas, para elevar el nivel de participación social y política en aras de construir una mejor Nación. Pero que va, justifican sus limitaciones socio-humanas y la bajeza de su conducta sobre las excretas del pasado inmediato. Para ellos el país es mejor porque hay edificios y rascacielos.

Al final, como ya había dicho en alguna oportunidad, hay un argumento puntual que tiene que ver con la supervivencia. Nuestra condición natural es la de procurar que la especie supere las dificultades del entorno, naturales o creadas por él, a fin de que seamos más los que estemos presentes para adelantar hacia el futuro la presencia en el tiempo. ¿Qué hacemos? Indignarnos, manifestarnos, obligar al sistema a expurgarse, castigar ejemplarmente a los malhechores, sea quien sea, y que el Estado sea justo y funcione con los mejores seres humanos por el bien de todos.

COMUNICADOR SOCIAL.