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22 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

La corrupción y el terrorismo

Ambos avergüenzan y agreden en el mundo para desestabilizar nuestra convivencia pacífica

Ambos avergüenzan y agreden en el mundo para desestabilizar nuestra convivencia pacífica. Uno, un mal endémico que existe cuando la codicia alimenta el desenfrenado deseo de poseer bienes materiales a costa de cualquier principio moral; y el otro, la violencia indiscriminada surgida en diferentes regiones, nacida de fanatismos religiosos o políticos que causan dolor y muerte a inocentes que nada tienen que ver con sus objetivos ulteriores.

La corrupción enseñó y enseña sus fauces por doquier. Gobiernos y gobernantes, organizaciones deportivas y deportistas, empresas privadas y empresarios, organizaciones religiosas y pastores de iglesias, campañas políticas y políticos, todos son ejemplos que contribuyen al desprestigio de países y sociedades en donde florecen. Las recientes revelaciones de la Operación Lava Jato brasileña, de La Línea guatemalteca —inclusive en nuestro país, donde delincuentes comprobados han devuelvo dineros mal habidos— son apenas las últimas manifestaciones de actividades delictivas ampliamente intuidas y sospechadas desde hace mucho tiempo, a ciencia y paciencia de las autoridades respectivas. Es doloroso que, tanto países con gente tan competente como empresas con demostrada capacidad y eficiencia técnica operativa, vean manchados sus logros por las ambiciones desmedidas de sus dirigentes públicos y privados.

A título de ejemplo, hace cuatro años en este mismo espacio comenté: ‘Brasil es reconocido como una superpotencia emergente por su crecimiento económico con un impresionante desarrollo en áreas claves como educación, ciencia, salud, tecnología, artes, cultura, deportes, industria, comercio, minería, energía. Pero hay manchas que empañan ese brillo: después de treinta años de estabilidad política, en pocos días la presidenta Dilma Rousseff cumplirá el primer aniversario de su Gobierno, que comenzó con grandes expectativas, pero en menos de doce meses, como si se tratara de una peste, acusaciones de corrupción han forzado la destitución o renuncia de siete de sus 24 ministros '. Eran claras señales de dejadez en el ambiente oficial, alrededor de obras de infraestructura en preparación del Mundial de Fútbol del 2014.

También entonces me referí a la Constructora Odebrecht: ‘Reconocida como la más importante empresa de construcción latinoamericana, con operaciones en 54 países y más de 100 000 empleados, es un conglomerado gigante con inversiones en la construcción, petróleo y gas, producción de químicos y petroquímicos, ingeniería ambiental, proyectos inmobiliarios residenciales y comerciales, generación de energía y bioenergía, transporte y seguros. Haber registrado un crecimiento tan impresionante como el logrado en unos cuantos años, dice mucho de su capacidad administrativa y técnica y no es de extrañar que haya tenido confrontaciones con algunos Gobiernos: sobrecostos en Ecuador y Paraguay, no pago de impuestos en Venezuela, contribución económica a campañas políticas en Florida y aquí, el costo de la Cinta Costera y cesión del contrato para terminar la carretera Madden-Colon '.

El segundo mal, el terrorismo, azota al mundo particularmente desde el ataque a las Torres Gemelas. Se ensaña especialmente en Bruselas, Paris, Turquía, Pakistán y tantos países de África, dejando secuelas de luto y dolor entre víctimas inocentes que nada tienen que ver con el fanatismo que impulsa a sus autores. Es una ‘forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente' , según el papa Francisco y demuestra que el espíritu del mal existe en el mundo.

Lástima que en Brasil la inestabilidad política y económica amenace con restarle brillo a los Juegos Olímpicos de agosto. Lástima que delitos cometidos por sus dueños y directores empañen la capacidad técnica comprobada de la fuerza laboral de Odebrecht. Lástima que corruptos y terroristas repudien la Regla de Oro que los obligaría a no hacer a los demás lo que no deseen que les hagan a ellos.

EXDIPUTADA