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30 de Mar de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Dos discursos presidenciales de julio

Realmente solo podemos aspirar a que se allane al camino para que esas obras continúen con transparencia y buen juicio

Desde el inicio de las nuevas sesiones de la Asamblea Nacional se han escuchado variopintos comentarios sobre los mensajes de los presidentes del Ejecutivo y del Legislativo. A dos años de gestión, la opinión pública espera comprender con claridad el contenido de las estrategias y acciones de un Gobierno que ya tuvo oportunidad de conocer sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. Ahora no son ofertas electorales de candidaturas políticas pródigas en promesas ni del entusiasmo y empuje típicos de los buenos propósitos que se desbordan en el acto de toma de posesión. Al contrario, ya se conoce lo que realmente se puede lograr con sus costos en tiempo, esfuerzo y recursos.

Escuché atentamente las palabras del primer mandatario y creo observar un leve giro relacionado con algunas obras físicas del Gobierno: fueron presentadas conscientemente, no como aspiraciones, sino como compromisos o metas concretas a cumplir durante su mandato. No serán objetivos más o menos difusos, sino resultados tangibles que deberán ser realidad al final del Gobierno en el 2019. Así presentadas, constituyen un serio desafío para el equipo de Gobierno y, por ser metas perfectamente medibles, se identifican como criterios claros de evaluación de ciertas obras físicas de la gestión de este Gobierno.

En el mensaje se señalan con especial énfasis varias metas concretas: las Líneas 2 y 3 del Metro, el proyecto de renovación de Colón, 100 000 casas de Techos de Esperanza, 300 000 soluciones de sanidad básica de 100/0, 3000 escuelas renovadas, y sistemas de educación, salud y transporte público de primer mundo. Lo significativo de estas metas es que se sustentan en la experiencia y en los conocimientos adquiridos en dos años en el poder, lo que equivale a reafirmar ante el pueblo un compromiso autoimpuesto, cuyo logro será calificado dentro de tres años, al final del mandato.

Hay otras obras más espinosas que no se iniciaron como iniciativas de este Gobierno, que han requerido renegociaciones, reformulaciones y rediseños de proyectos inconclusos heredados del anterior Gobierno, lo que implica procesos legales y técnicos más complicados: Cadena de Frío, mercados central y periféricos, hospitales, centros de salud y de convenciones, nuevo aeropuerto internacional, embalses. Realmente solo podemos aspirar a que se allane al camino para que esas obras continúen con transparencia y buen juicio.

Por su lado el presidente de la Asamblea, consciente de su condición de ser el primero entre iguales —' primus inter pares '—, hubo de limitarse a exhortar a sus colegas a fortalecer las instituciones democráticas y a perseverar en la vigencia del pacto por la gobernabilidad. Sin embargo, refiriéndose también a metas específicas por cumplir, señaló textualmente que ‘nos quedan metas por cumplir, como las destinadas a garantizar, entre otras, una mayor transparencia y eficacia en el uso de los recursos públicos y las que determinen las nuevas reglas del juego de nuestra democracia electoral '. Hay muchas más. También se quejó de que los ciudadanos están cansados de la corrupción, la doble moral y la ausencia de transparencia en la gestión pública. Son temas que requieren legislación apropiada.

Enfocó también el presidente de la Asamblea la importancia del sistema educativo para reducir las desigualdades económicas y propiciar la movilidad social. Pero se limitó a ofrecer espacios de la Asamblea para contribuir al debate de los retos y necesidades de la educación panameña, cuando correspondería a la Comisión de Educación tomar la iniciativa y liderar ese esfuerzo para producir la legislación adecuada que la población reclama desde hace mucho tiempo.

Debemos reconocer que ese día se cumplió en armonía con un acto institucional, republicano y democrático.

EXDIPUTADA