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04 de Apr de 2020

Rodrigo Guardia

Columnistas

Arq. Carlos Medina Candanedo

En la noche del sábado 9 de julio del presente año, falleció en Panamá una persona que conocí por muchos años, por ser amigo de mis padres

En la noche del sábado 9 de julio del presente año, falleció en Panamá una persona que conocí por muchos años, por ser amigo de mis padres. Durante mi niñez lo veíamos tanto como a mis tíos. En una época sin redes sociales ni tranques y en que la ciudad era más pequeña y fácil de recorrer, eran un grupo de amigos que se reunía con frecuencia, así fuera entre semana a hacer visita y compartir. Recuerdo irme a dormir y escuchar a lo lejos la conversación, siempre dinámica y las risas de buena gana. Por muchos años, celebraba la Nochebuena con nosotros y para Año Nuevo regresaba al hogar en Chiriquí.

Fue un gran amigo para su grupo. Una persona franca, de principios y con mucho sentido del humor. Tuvo talento y dedicación al trabajo y un gusto por las experiencias y momentos con sus amigos. Una persona excelente sin buscar notoriedad.

En 1966, egresa de la Universidad de Panamá, con honores. Un día se encontró por casualidad con, el también entonces joven arquitecto, Carlos Clement en el parque Cervantes en David, conversaron, y poco después fundaron la firma Clement y Medina Arquitectos.

A lo largo de varias décadas diseñaron edificios importantes como: el Hatillo, el banco Bladex, Banco General de calle Aquilino de la Guardia y avenidas 12 de Octubre y Transístmica. Farmacias Arrocha, residencias unifamiliares y el edificio de apartamentos Winston Churchill en Paitilla, por ejemplo, el más alto de la ciudad en su momento. Las obras de la firma fueron reconocidas en varias ocasiones con premios de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, a la que perteneció, como también a la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura. Un recuento justo de su obra excedería el espacio que permite una memoria como esta.

El profesional talentoso es también un docente para su equipo. Su dominio de los aspectos técnicos de la profesión, el dibujo, los detalles constructivos, así como su habilidad creativa y buen gusto le permitían ayudar al crecimiento de las personas a su alrededor.

En 1971, con un grupo de amigos, viaja por Europa desde Génova hasta la isla de Capri, pasando por Roma, Venecia y Florencia, viaje que siempre recordarían. Fueron a conocer lo que habían visto solo en libros. En esa época se viajaba mucho menos y no había tanto material accesible sobre grandes ciudades y obras de arte. Hace pocos años hizo un libro de fotografías como recuento del viaje.

También con un grupo de amigos funda Galería Etcétera, la primera galería de arte que hubo en Panamá, donde se dio a conocer mucha de la obra pictórica, gráfica y escultura de importantes artistas panameños e internacionales: Guillermo Trujillo, Antonio Alvarado, Mario Calvit, Alfredo Sinclair, Manuel Chong Neto, Amalia Tapia. Olga Sinclair hizo allí su primera exhibición. Pero en la galería no hubo solo exhibiciones, sino también eventos como recital de poesía, presentaciones de libros y veladas culturales.

Incursionó también en el cultivo de orquídeas, viajó a exposiciones y contempló su cultivo en Tailandia y el Oriente. Fue socio de Orquídeas Tropicales, y miembro de la Asociación de Orquideología de Panamá. Aportaba a las exposiciones con arreglos y composiciones de plantas ganadoras de premios.

Como artista, desarrolla una obra plástica que integra motivos estilizados con la técnica tradicional guna de la mola y en la serigrafía. En ambas trabajaba la superposición de capas de color. Los motivos y colores evolucionaron, en los inicios predominaban colores cálidos, rojo, amarillo, naranja y la composición representaba a veces aves que dominaban el cuadro, el resto de las formas, entre lo vegetal y abstracto complementaban. Ya en los años noventa trabajó con fondos de color frío, principalmente el azul y el foco de la composición tendía a ser en heliconias floridas, manteniendo el fondo patrones a manera de textura. Continuó desarrollándolas, evolucionando siempre.

En el plano personal, se opuso por ideología a la dictadura y apoyó la causa dentro de su potencial, sin esperar ni aceptar un puesto público que le fuera ofrecido.

Reportan mis tías, que todas lo quieren mucho, que era un fantástico parejo de baile y sabía bailar todo tipo de música. Tomó el tenis como deporte desde los años 70 y lo siguió por muchos años.

Mucho compartimos en Taboga, por años. Su caja de pesca fue la principal fuente de anzuelos, plomos y otros aparejos en mis inicios pescando desde el muelle en la noche. También en la isla, ya en los años 80, yo tenía unos 11 años, y en casa de Edwin Brown discutíamos sobre música popular. Yo decía que las canciones de Quiet Riot serían más duraderas que las de Michael Jackson. Siendo yo aún niño, él tomaba, al menos algo, en serio nuestra conversación y se divertía argumentando intensamente, a lo que yo correspondía. También ese día tuvo razón. Vivirá en el recuerdo de sus seres queridos: su familia y amigos, que recordamos su risa sincera.

ARQUITECTO