16 de Ago de 2022

  • Eduardo A. Reyes Vargas

Columnistas

Enseñanzas de las elecciones de EE.UU.

‘No sé qué nos depare a los que siempre recibimos parte de las dificultades económicas, financieras y otras de (EE.UU.)...'

Alcanzo pronto 70 años de existencia terrenal. Debo admitir que esta es la campaña a la que le he dado seguimiento especial desde su inicio.

Electos los dos candidatos principales, escuchamos sus debates, por cierto, muy vacíos, y al final el conteo hasta las dos y media de la madrugada del nueve de noviembre, hora en que no pude resistir a la diosa del sueño, Evaki.

¿Por qué ese seguimiento a esta campaña? Porque desde un principio se comenzaron a caer las cortinas de aparente transparencias y éticas de esta campaña. Todo indica que se derrumbó en ella el muro de contención que se venía resquebrajando quizá desde hace cinco o más décadas en Estados Unidos de América.

Leímos artículos y opiniones de todas las tendencia de los norteamericanos. Desde las conservadoras (súper conocidas) y las consideradas liberales (Democracy NOW, Yes man, etc. —¿socialdemocracia?). En sus respectivas páginas electrónicas. Me explicaban también el porqué de la pujanza de Sanders.

Conocíamos las asistencias no masivas del electorado en el pasado, las crecientes desigualdades económicas y sociales de sus poblaciones. Su salud sin equidad (Eight Americas: Investigating Mortality Disparities across Races, Counties, and Race-Counties in the United States) (2006). Sus dudas sobre quienes los representaban.

El libro Erotismo y sociedad de consumo del Dr. Enrique Salgado, en 1974, abría los ojos de lo que ocurría en las décadas de los 60 hacia delante.

Es decir, una sociedad que perdía su fe en quienes la representaban. Llámese ‘establecimiento' o cómo se desee.

Una sociedad que desde unas décadas hacia acá sufría debacles económicos con grandes secuelas dentro y fuera de los 50 estados.

Las recientes luchas raciales, que se consideraban enterradas, solo estaban quiescentes. Salieron nuevamente. Muy lamentable para las ‘minorities'.

Una clase media y pobre, en declive y una poderosa en ascenso. Un miedo como consecuencia de las intervenciones en países árabes. Muchas veces no sustentadas o envueltas en engaños.

Condimentos que incorporaban a un sector significativo de esa sociedad a estar más indignado.

La etnografía de los Estados Unidos se impuso. Sus nacionales de nacimiento se rebelaron.

Quizá la pirámide Maslow cayó a los dos primeros niveles para esa mayoría que esta vez elige a un presidente muy especial. Creo que su equipo, el del electo, hizo un análisis de los problemas de raíces de su gran población blanca. Y dio en el clavo.

No sé qué nos depare a los que siempre recibimos parte de las dificultades económicas, financieras y otras de Estados Unidos. Estamos bajo su paraguas. Y quizá más ahora.

Ya veremos.

Su democracia, la estadounidense, sigue imperfecta. Se gana voto a voto indirecto, pero los estados afortunados, para no decir más, se imponen. No es un voto igual en su validez para todos. Tocará a sus ciudadanos decidir si continúa o no lo que aparentemente sustentaron sus fundadores en ese tipo de votaciones.

Panamá en unos tres años somete la voluntad popular a la elección directa e indirecta de sus tres poderes.

La indignación crece quinquenios tras quinquenios en nuestra nueva era democrática. (1989)

No es de extrañar que ese populismo, que ya hemos vivido, de centroderecha o centroizquierda, se imponga.

Europa y Estados Unidos siempre han enviado mensajes de cambios, malos o buenos.

Las redes sociales jugarán una enorme influencia. Y los medios de comunicación formales también.

En Estados Unidos unos correos fueron detonantes y hace años en Panamá una noticia 24 horas preelecciones igual. Recuerdo ‘Dicky es gringo'. Y ganó el opositor.

Reflexionen señores gobernantes.

MÉDICO INTERNISTA.