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13 de Apr de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

Rumbo al despeñadero político

Va ganando una pulseada -la desaparición del imperio empresarial de Abdul Waked - que certifica su obstinación

Cada paso político de Juan Carlos Varela apunta ahora en una exclusiva dirección: a preservar la unión con aquellos que en casi una década le permitieron edificar su formidable sistema de poder, antes que a contemplar los humores de la población.

Va ganando una pulseada -la desaparición del imperio empresarial de Abdul Waked - que certifica su obstinación.

Al Presidente le resbalan las formas de su administración y también el fastidio, mayor o menor, que puedan provocar en una sociedad que deberá revalidar o no en el 2019 la confianza al panameñismo.

No se trata de un suicidio. Sabe con certeza que no será él en el partido de gobierno quien deba someterse dentro de un par de años a un dictamen popular, aunque ahuyentará hasta el suspiro final el fantasma de la alternancia del poder. Sin embargo, minimiza las consecuencias que causan el incumplimiento de su obligación constitucional en medio de una polémica sin precedentes desatada por la inclusión injustificada de un empresario panameño en la nefasta Lista Clinton.

Resulta indigno, además de incomprensible, que el primer ciudadano del país no tenga el coraje ni la valentía para hacer frente a las acusaciones del embajador estadounidense.

Y en cambio, busca desesperadamente espantar el estigma resolviendo animar la idea de un fidecomiso, en vez de irse por la vía heroica de exigir la presentación de pruebas o respetar el derecho de la presunción de inocencia.

Ya se habla de un complot, de una conspiración para que los negocios de Waked pasen a manos de otros grupos económicos del poder. La licitación el próximo año de las tiendas de duty-free en el aeropuerto de Tocúmen dará luces de dónde vienen los tiros.

Unos y otros señalan con matices que la eliminación de la figura de derecho de llave, utilizada en 2007 para la asignación de concesiones, es una forma olímpica de facilitarle el negocio a la competencia de Waked y una auténtica validación que el Gobierno está detrás para apostar a favor de un grupo económico y arremeter contra el otro.

Nada de lo ocurrido responde a la casualidad. Hay al menos registro de dos puntadas finales dentro de un tramado que viene tejiéndose desde hace más de tres años para borrar la sombra de las empresas de Waked.

Es evidente que precisamente el día que se acusa inhumanamente contra Abdul Waked y se anuncia su inclusión en la Lista Clinton, el propio Presidente se encontraba en la capital estadounidense disque en foros con empresarios norteamericanos para promover las inversiones en Panamá. Y que no fue sino hasta semanas después que el mandatario reconoce su lapsus político y declara que realizará acciones para salvaguardar los miles de puestos de trabajo de las empresas señaladas, sin mencionar ni una palabra de su obligación constitucional de proteger los ciudadanos y defender la soberanía económica del país.

La oposición se ha percatado del hueco en que Varela se ha metido y ya tira líneas sobre el precio que pagará el candidato oficialista en las próximas elecciones por tanto desencuentro y desencanto.

Algunos aspirantes parecen estar ya empujando las gateras y han arremetido sin tregua en contra del gobernante. Hasta los sindicatos que se habían arrinconado se han sumado para rescatar al país del desprestigio donde nos ha arrastrado la falta de liderazgo político y visión nacionalista.

Desde hoy vaticino que quien represente al gobierno en el 2019 será el candidato de la derrota. No importa cuántas líneas del Metro construyan, cuántas carreteras liciten, cuántos grifos de agua instalen o cuántas letrinas tapen, la candidatura del panameñismo la seguirá el fantasma del caso Waked. Independientemente de las componendas electorales, habrá una oposición que se afincará en el estribillo histórico de la soberanía nacional. Y por supuesto, no faltarán voces que clamen acción en temas trascendentales que éste gobierno ha abandonado como son las reformas constitucionales, el déficit de la Caja del Seguro Social y la puesta en marcha de una política migratoria.

Frente a este marco vergonzoso, las pretensiones políticas del Gobierno para el 2019 se enredan y los coloca en condiciones desfavorables para competir seriamente contra cualquiera que surja de la oposición.

¡Tremendo presagio para un país que esperaba lo mejor de su gobernante!

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