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16 de Apr de 2021

Vilma Chiriboga

Columnistas

Panamá: fiestas de Pascua y Año Nuevo

El fervor religioso no solo se hacía sentir para la Fiesta de Pascua, sino también en la celebración del Año Nuevo.

En la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, las Fiestas de Pascua y Año Nuevo fueron celebradas en la ciudad de Panamá entre misas, reuniones en los clubes de prestigio para la época, corridas de toros que se hacía principalmente el 1 de enero en la plaza del Triunfo, conocida desde 1887 como plaza Herrera, realización de obras filantrópicas y la puesta en práctica de creencias.

La Misa del Gallo, uno de los eventos religiosos que aún se realiza en vísperas de la celebración de la Fiesta de Pascua (hoy conocida como Navidad), era celebrada en Panamá en la segunda mitad del siglo XIX. Wolfred, Nelson en su libro Cinco años en Panamá (1880-1885) la describe como una actividad religiosa en la cual se daban cita personas de distintas clases sociales, grupos humanos, entre ellas las mujeres negras. A ellas las recuerda sentadas en el piso de la iglesia con sus niños y todas con sus togas domingueras. Algunas que podían darse el lujo de una mantilla española, la llevaban en la cabeza sobre la cual se colocaban un destello de luz fosforescente, con brillo metálico que producía —según el autor— una imagen muy parecida a los causados por los cocuyos brasileños; pero que en realidad eran insectos capturados y amarrados con hebras de cabello a las mantillas. Los destellos intermitentes de luz los hacían muy atractivos, comentaba el autor.

El fervor religioso no solo se hacía sentir para la Fiesta de Pascua, sino también en la celebración del Año Nuevo. El Periódico El Cronista en 1905 pública que después de una reunión realizada en el Club Internacional en víspera del siempre soñado Año Nuevo —en donde se dieron cita distinguidos miembros del cuerpo diplomático, altos empleados del Gobierno y extranjeros— los asistentes dejaron el recinto a la mitad de la noche para oír la palabra de Dios en el templo inmediato: La Catedral.

En esas fiestas era costumbre que en medio del salón se colocaran dos hileras de sillas, unas para las señoras, la otra para las señoritas y detrás los caballeros. Lo que más podían hacer los y las jóvenes en ese ambiente social era cruzar miradas, sonrisas y palabras dulces, pues pasar este límite era considerado inapropiado para una dama. En la fiesta el piano y el violín estuvieron presentes, uno representativo de la tradición y el otro de la modernidad.

Las fiestas populares no podían faltar. Una de ellas las taurinas. El 1 de enero de 1904 las personas se daban cita en la plaza Herrera. Los periódicos —entre ellos El Cronista — difundían la noticia que el día de Año Nuevo se verificaría la corrida de la temporada. Se asegura —decía el periódico— que el ganado escogido para la lidia no dejaría nada que desear.

Las personas generalmente asistían a esta actividad con ropa nueva, pues era costumbre muy generalizada que al comenzar el nuevo año cada hijo de vecino se pusiera un vestido nuevo, como huyendo de la mala suerte que pudiera traerle el polvo depositado entre los pliegues de la ropa que se estaba usando o quizá porque al comenzar un nuevo año se hace el propósito de llevar una vida nueva. Por esa razón, señala el articulista, se cuelgan a un lado los vestidos viejos, como si ellos tuvieran la culpa de los errores cometidos que se tratan de enmendar para el futuro.

El espíritu filantrópico de los panameños fue otro ingrediente añadido en la celebración de las Fiestas de Pascua y Año Nuevo. El Diario de Panamá en 1919 anunciaba que la Cruz Roja Nacional, en la Exposición, distribuirá regalos de Pascua para los ancianos, los niños y los enfermos. La fiesta de los pobres consistía sobre todo en darles helados, dulces y algunos recuerdos cada año.

El día de la Pascua fue visto por la sociedad citadina como un día sagrado, situación comprensible en una sociedad con un fuerte arraigo religioso en donde los nacimientos no podían estar ausentes.

PROFESORA EN LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.