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15 de Nov de 2019

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Tomás Paredes Royo

Columnistas

¡Mexicanos al grito de guerra!

‘... la mayoría de los indocumentados no entra a (EUA) por la frontera con México, ... (y) el número de inmigrantes mexicanos ha bajado...'

Las fronteras definen el territorio donde una sociedad se organiza política, económica y culturalmente, constituyendo una superficie donde dicha sociedad gestiona la manera de relacionarse entre sí, de manera soberana e independiente. Pero las fronteras definen áreas de relacionamiento entre naciones, y por ello, los Estados que comparten frontera, tienen la obligación de delimitar de común acuerdo las líneas divisorias, así como el deber de reglamentar las relaciones fronterizas para organizar el flujo de personas, mercaderías y servicios.

Hay muchos ejemplos de fronteras donde se han borrado las líneas divisorias entre países para convertir la relación binacional en una actividad entre vecinos, generando una verdadera simbiosis cultural donde la economía y la política se han doblegado al sentir humano para que la libertad de tránsito y el intercambio económico prosperen en un clima de paz, armonía y complementariedad. Esas fronteras porosas existen primordialmente por un principio de pertenencia muy arraigado en cada lado de la frontera, donde una persona que cruza al otro lado a trabajar, vender, comprar o divertirse, regresa luego de su actividad a su familia, a sus amigos, a su casa.

Esas fronteras se han ido perdiendo en la medida que ha ido desapareciendo esa condición de ‘ida y vuelta', agravándose por la inmigración masiva y descontrolada, por el tráfico de drogas y de personas y la violencia que ambas generan, al igual que por el abuso del tráfico de mercancías (contrabando) que afecta las economías locales y la recaudación de impuestos, y por último, las diferencias y caprichos de algunos políticos que ven en la diferencia de clases y en el tema de seguridad, una oportunidad para aumentar su poder, su control y sus beneficios.

El caso de la frontera entre México y EE.UU. no es la excepción. Recuerdo cuando de estudiante en los 70 visitaba al sur de Texas y cruzaba entre Brownsville y Matamoros, McAllen y Reinosa, Laredo y Nuevo Laredo, Eagle Pass y Piedras Negras y Ciudad Acuña y Del Río. En aquella época existían los controles mínimos propios de una frontera abierta, sin la existencia de sistemas represivos y repulsivos hacia las personas, a pesar de que existía discriminación hacia los mexicanos por considerarlos inferiores a los ‘gabachos' (gringos) del norte.

No obstante, esto se fue perdiendo con el tiempo. Hoy, de los 3100 kilómetros que separan a México de EE.UU., casi un tercio, o sea 1050 kilómetros, ya cuenta con un muro físico, que se inició en San Diego, California, durante la presidencia de Bill Clinton y pasa por varias ciudades y Estados. Otro tercio de la frontera cuenta con sistemas tecnológicos, donde cámaras infrarrojas, rayos X y drones se encargan básicamente de la vigilancia. En el tercio restante, la naturaleza se encarga de apoyar a los agentes fronterizos con el calor y las inclemencias del desierto y donde mueren cientos de personas al año al desafiar las probabilidades de esta ruta. En resumen, faltan más o menos 2000 kilómetros para completar el muro y cerrar herméticamente la frontera sur de EE.UU.

Las cifras señalan que la mayoría de los indocumentados no entra a ese país por la frontera con México, pero además, que en los últimos años el número de inmigrantes mexicanos ha bajado significativamente. Entonces ¿por qué el muro?

El presidente Trump utilizó desde el inicio de su campaña el tema del muro para exacerbar el odio hacia los mexicanos, para humillar a esos millones de personas de origen latino que trabajan para sustentar la economía de EE.UU. en un sinfín de actividades para las cuales no hay mano de obra disponible en ese país.

El presidente Trump ha escogido establecer de manera totalmente innecesaria un clima de tensión y odio con uno de sus vecinos, un socio que ha cumplido con todos los acuerdos políticos, económicos, migratorios y de seguridad que han firmado ambas partes. El presidente Trump sabe de la desigualdad de esta pelea, él con el poder y los recursos, los otros con las necesidades y las limitaciones, por lo menos a corto plazo, mientras el desbalance económico y social que está promoviendo no alcance a la economía de su país, por lo menos de los estados fronterizos (California, Arizona, Nuevo México y Texas).

Mientras tanto, los mexicanos deben responder nuevamente al grito de guerra que signa su glorioso himno, esta vez no con los fusiles ni los cañones sino con la razón y la justicia. México debe en estos momentos difíciles unirse y resistir, valorar más la dignidad de su estirpe y su cultura que los dólares de su vecino. Les toca volver la mirada a lo interno, volver al agro, a la economía local y al ahorro, a consumir lo nacional y buscar otros socios y mercados, tanto para la inversión como para el intercambio comercial. En esta lucha estoy seguro no estarán solos y que los países del mundo serán solidarios con esta pesadilla que recién comienza y que no dejará nada intacto ni allá ni acá.

INGENIERO