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21 de Jan de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Cuando perdemos a uno grande

Ricardo Arias Calderón nos dejó un legado

La muerte de Ricardo Arias Calderón ha dejado un vacío en el país, sobre todo en momentos en que el ejemplo que da la clase política se hace tan distante de los principios éticos y morales que, desde el aula universitaria, el Partido Demócrata Cristiano y su vida personal y pública, nos dejó ese gran líder.

Su deceso, aunque estuviera en lecho de enfermo por muchos años, llega como un bálsamo para recordarnos que, a pesar de todo lo que se diga, es posible encontrar en Panamá políticos serios y honestos que tengan como norte el servicio a los demás desde el poder, y no servirse de éste para satisfacer sus apetencias personales. Que es posible dirigir la cosa pública con programas y propuestas, rodeado de gente seria y competente, sin necesidad de sólo mirar en el entorno familiar, amical y de negocios del gobernante.

Desde que murió Ricardo Arias Calderón se ha visto el gran legado que deja post mortem ; las tantas manifestaciones dadas tras de su partida, nos llenan de esperanza que podrán resurgir líderes como él, que sepan dar testimonio de amor a la patria y de desprendimiento personal y político. Que sean maestros de los demás, porque también en las lides políticas debemos aprender, para evitar que tantos improvisados nos lleguen a gobernar, como tan frecuentemente ocurre hoy.

Las muestras de apoyo a su trayectoria y a lo que hizo en vida han servido para engalanar páginas enteras de diarios que, en algunos de ellos, cuando estuvo en el apogeo político de su vida política, le dieron la espalda y hasta lo ridiculizaron, demeritando sus logros y ejecutorias, minimizándolas al máximo. Preferirían ignorarlo a reconocerle sus logros, sobre todo en momentos tan difíciles como lo fue el desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa que Ricardo afrontó con valentía y arrojo, que hasta casi pierde su vida por el atentado que sufrió dos días después de la invasión. Han salido voces que ensalzan sus virtudes y hasta repiten a la saciedad sus dotes políticas, pero que en vida hasta se burlaron de él, adjudicándoles sobrenombres como ‘Monja Loca', el ‘Monje'; epítetos como amargado, político fracasado, sin carisma, sin apoyos, sabiondo, creído, inflexible, insoportable, en muchas ocasiones hasta haciéndose eco de los insultos que proferían contra él los diarios de la dictadura.

Vi a algunos de esos en su imponente funeral el 15 de febrero. Hasta les brotaron lágrimas a muchos que a sus espaldas lo detestaban, porque era un político que no se vendía; que carecía de precio. Que no pactaba con nada que no fuera correcto. Que, como señaló su hijo Ignacio Manuel, introdujo en el léxico político panameño el concepto de la deuda social del Estado para con los más necesitados. Ricardo no era de hacer alianzas políticas por dinero o por prebendas, tan comunes en el día de hoy. Por eso es que Ricardo era detestado por muchos, porque era incapaz de hipotecarse a él o a su partido. Sentí pena ver tanta hipocresía junta. Al acompañar tan de cerca a Ricardo en su vida política, llegué a conocerlos a todos. Su magnanimidad, sin embargo, lo hizo perdonar a esos porque él no era rencoroso ni vengativo. Recuerdo cuando estando moribundo Secundino Torres Gudiño, una de las personas que más lo insultó en vida, lo fue a visitar al hospital para expresarle su solidaridad. Así era Ricardo y así fue cuando por quince meses le tocó ser Ministro de Gobierno y Justicia: humilde y solidario.

Su muy sentido funeral reunió a muchos de los que lo apreciaron. De los que supieron el sacrificio que Ricardo hizo por dotar al país de un sistema democrático después de la oprobiosa dictadura que vivimos por 21 años. Sacrificio que contó con hasta su propia vida y la de su esposa e hijos. Recuerdo cuando reunidos en su casa sobrevolaban helicópteros para atemorizarnos o cuando el G-2 nos perseguía adonde fuéramos.

Ojalá que ante la crisis moral y política que vive el país sepamos valorar lo que significó Arias Calderón para los panameños y emprendamos el camino para darle al país otra liberación, no ya de los militares porque a esos los sacamos del poder en 1989, sino de los políticos corruptos e indolentes que tanto daño le están haciendo al país.

ABOGADO Y POLÍTICO