Temas Especiales

02 de Dec de 2020

Belisario Herrera A.

Columnistas

Una muestra de deshumanidad

Esta es una pequeña muestra de la grandeza de ese gran defensor de los obreros de nuestro país

Tardíamente he tenido conocimiento del fallecimiento de ese ilustre abogado defensor de los obreros, el doctor Carlos Del Cid, quien a lo largo de su ejercicio profesional se empeñó en defender a los trabajadores, negándose siempre a alegar nada a ser apoderado de la clase patronal, por muy tentadores que fueran los honorarios, ya que su conciencia acrisolada durante sus estudios de Derecho en la Universidad de Bogotá y en el agitado ambiente de reivindicaciones sociales en ese país, donde él había conocido de cerca el comportamiento de las tropelías de la clase conservadora, muy temprano lo inclinaron a simpatizar con los ideales de ese gran liberal progresista, Jorge Eliécer Gaitán, asesinado vilmente cuando contaba con un apoyo suficiente del pueblo colombiano para llegar al Palacio de Nariño.

Tras ese acontecimiento atroz, que fue un claro encargo de las fuerzas represivas, hubo después muchas persecuciones en ese país, naturalmente como consecuencia del asesinato de uno de sus mejores hijos, como lo fue el excelente jurista colombiano a que hacemos mención, lo que motivó que Carlos Del Cid, tras ser expulsado de ese país, por sus simpatías puestas de manifiesto y hacer suya la doctrina gaytanista, truncados así abruptamente sus estudios de Derecho, una vez en nuestro país pudo continuarlos incorporándose prontamente en las filas del movimiento universitario y estudiantil en general, alcanzando distintos cargos de gran relevancia dentro de sus filas y el más elevado de ellos, el de secretario general de la Federación de Estudiantes de Panamá.

Tuvimos el alto honor de militar junto a él y fue notoria su alta capacidad como dirigente, con capacidad profunda analítica, distinguiéndose como un gran orador en las distintas manifestaciones y mítines que se llegaron a organizar en aquellos años de inicio de la década del cincuenta, en que el coronel José Antonio Remón Cantera, con ambiciones de más poder, había renunciado a la Comandancia de la Policía Nacional para aspira a la candidatura presidencial por un conjunto de partidos denominados Coalición Patriótica Nacional —CPN—, curiosamente las mismas siglas del primer instituto armado de nuestro país.

La historia ha registrado cómo se pusieron a su disposición todos los recursos del Estado para arribar en forma fraudulenta al Palacio de las Garzas y contra esas arbitrariedades la voz del doctor Del Cid se oyó con la velocidad de un rayo, dentro de un tono aplomado y en la solidaridad que tenía entonces el movimiento estudiantil en general en nuestro país y allí estuvimos a su lado en todo momento y lo estuvimos en aquel momento cuando casi una docena de dirigentes estudiantiles fuimos detenidos brutalmente por la Policía Nacional y condenados a varios meses, fuimos a parar a la Cárcel Modelo y por iniciativa del doctor Del Cid nos declaramos en huelga de hambre, hasta que nos otorgara la libertad el ministro de Gobierno de entonces, doctor Miguel Ángel Ordoñez, quien irónicamente manifestaba por los distintos medios de comunicación que primero se cortaba las manos, antes que otorgar la libertad, pero temió al alzamiento popular y la concedió, luego de siete días que la resistencia duró.

Esta es una pequeña muestra de la grandeza de ese gran defensor de los obreros de nuestro país, que lamentablemente ante su fallecimiento por moral propia no puedo callar. Vivirá en el recuerdo de su ejemplo patriótico. Lamentablemente las organizaciones obreriles que tanto el doctor Del Cid defendió como abogado litigante, han guardado silencio, lo cual es triste consignarlo.

ABOGADO Y PERIODISTA.