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24 de Nov de 2020

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Rafael Pitti

Columnistas

¿La AN no tiene quien le escriba?

Con razón o sin ella, mucho se cuestiona los privilegios que reciben una vez son proclamados oficialmente.

Como Primer Órgano del Estado, la Asamblea Nacional (AN) es el organismo político por excelencia. A excepción del jefe del Ejecutivo y su vicepresidente sus integrantes son nombrados de forma directa, libre y democrática por legítimo mandato del voto popular. Aun así parece difícil comprender que su génesis y propio desarrollo laboral es totalmente diferente a los de los órganos Ejecutivo y Judicial.

Con relativa frecuencia se cuestiona eficacia en ejecutoria de periodos de sesión; sin embargo, no se pondera ni contempla con razonamiento y serenidad el itinerario ilimitado de los diputados con relación a su responsabilidad en el actuar deliberativo y de aprobación de leyes. Pareciera utópico, pero en justeza y certera realidad los mismos, igual que parte del soporte institucional, no tienen ni pueden trabajar con hora fija de entrada o salida.

Con razón o sin ella, mucho se cuestiona los privilegios que reciben una vez son proclamados oficialmente. En tal sentido no justificare ni defenderé esos beneficios, pero en la práctica considero son relativamente inferiores al resto de altos funcionarios. Por ejemplo, un diputado, aunque con exoneración, utiliza auto propio y un chofer.

Los magistrados, jueces y fiscales (Órgano Judicial), ministros, directores y subdirectores de entidades autónomas y semiautónomas (Órgano Ejecutivo) utilizan vehículos del Estado con escoltas y todos los insumos que ello acarrea. En simple y objetiva operación matemática, la opulencia en gastos superfluos marca una evidente y abismal diferencia que resulta demasiado onerosa para las finanzas públicas.

Ante tal escenario, mientras no se realicen cambios que limiten y reduzcan de forma integral y efectiva el uso y manejo de recursos con relación al gasto público, todo seguirá igual. Importante vislumbrar y no desoír las protestas y muestras de rechazo generalizado. Es una censura pública in crescendo que obviamente podría desencadenar en violencia y acciones negativas para la paz social, aunado a la estabilidad política y económica del país. En virtud de ello, es imprescindible deponer actitudes obsesivas o impositivas que obstaculicen lograr transformaciones que redunden en beneficio de la colectividad y no de grupos de interés. Ignorarlo es incoherente, inadmisible y un acto suicida.

Por otro lado cabe resaltar que el morbo y estigma maligno que se atribuye a personas que participan de la política, es inapropiado y falaz. El político es ente activo las 24 horas. Salvo excepciones de algunas figuras electas, en mayoría de ocasiones no existe privacidad ni aislamiento para apartarse o evadir a electores u organizaciones que ante necesidades reclaman ayuda inmediata parcial o total. Aseverar no ser políticos y hostigar a quienes asumen relevante quehacer, es desconocer y desatender elementales principios de humanismo, solidaridad y compromiso.

Finalmente imprimir justicia sin selectividad es imperativo. No obstante mantener a la AN como tarjeta de tiro promueve un peligroso atentado contra el sistema democrático. Las validas observaciones y críticas en diversos asuntos deben hacerse sin exacerbar los ánimos de la población. Una cosa es informar, otra conspirar. El interés de participación en política activa y ocupar cargos públicos requiere actores responsables con lenguaje de altura y mesurado comportamiento como ejemplo.

DELEGADO NACIONAL PRD.