Temas Especiales

08 de Aug de 2020

Ernesto A. Quijada Díaz

Columnistas

Los taxistas piden, pero ¿qué ofrecen? (II)

Verlos lloriqueando en las calles por la aparición de UBER, alegando que se le afectan sus ingresos, es una mentira que no pueden defender.

Para todos es sabido que hay una mafia del transporte que lucra del mal servicio. Hoy, amparados por medio de concesionarias que alquilan, venden, traspasan y hacen lo que les da la gana con los certificados de operaciones. Muchas veces en concubinato con funcionarios de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, ATTT, y protección de agentes de la DNOT, violentan las reglas que rigen para todos los que cumplimos el reglamento que rige la actividad comercial o particular en lo referente al manejo de vehículos. Nadie sabe a dónde van a parar los millones de dólares que anualmente manejan esas concesionarias que no rinden cuentas de su actividad a nadie.

Es común conocer de taxis envueltos en actividades ilícitas que pertenecen a una concesionaria, la que se defiende señalando que se lo ‘alquiló' a una persona que no dejó sus generales ni dirección ni ninguna posibilidad para ubicarlo si comete delito con una unidad. Esta práctica inaceptable se la han permitido en reiteradas ocasiones las autoridades de la ATTT y de la DNOT, quienes debieran proceder a la eliminación de esos certificados de operación.

Basta del consabido ‘NO VOY', de las malas palabras, del avasallamiento a los ciudadanos, del irrespeto a ancianas, mujeres, hombres, estudiantes y hasta extranjeros que requieren de sus servicios.

Verlos lloriqueando en las calles por la aparición de UBER, alegando que se le afectan sus ingresos, es una mentira que no pueden defender. Ellos desechan carreras, ignoran a los que necesitan el servicio, hacen y deshacen en las calles, han implantado una mafia que nos afecta como sociedad y es hora de que alguien asuma la responsabilidad para poner orden, sin valorar el costo político que ello representa, hay que ponerles la cara seria a estos señores.

En medio de todas las quejas que ellos mismos generan, los taxistas y su mala dirigencia se atreven a cerrar calles, para exigir que les eliminen la competencia de una plataforma que asume la responsabilidad de lo que en esencia era responsabilidad de ellos. A la par, no ofrecen ninguna alternativa o posibilidad de enmendar las fallas que han introducido en el sistema de taxis.

Por lo tanto, al unísono los panameños solicitamos que se permita a UBER que brinde el servicio seguro, rápido, confiable y a tiempo que nos está brindando.

PERIODISTA