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16 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

El canto del cisne II

‘Si hay un responsable de los resultados del martes, es usted, señor presidente, y una política que, en lugar de sumar, promueve confrontaciones; una terquedad inexplicable, que podría ser desastrosa en las actuaciones políticas de 2018'

Hay una verdad preocupante que ronda el comportamiento del presidente de la República, Juan Carlos Varela. Al igual que el pasado dos de enero, cuando pronunció su informe ante la Asamblea de diputados, este martes, después de que esa corporación rechazó a sus dos candidatas para magistradas por 52 votos contra 18, se percibió una gran asimetría entre lo que vive el país y lo que enfoca el mandatario.

Por casi dos meses, medios de comunicación y ciudadanos que concurrieron a la Comisión de Credenciales, sometieron a las abogadas Zuleyka Moore y Ana Lucrecia Tovar de Zarak a un pormenorizado y minucioso examen, dado los cargos para los que eran propuestas. Memorables, por decir lo menos, fueron las intervenciones de los juristas Francisco Carreira y Víctor Martínez relativas al ejercicio profesional de ambas, y subrayo lo de profesional porque a estas alturas hay quienes se proponen confundir el rechazo con el género. ¿Fueron duros los ataques? Claro que fueron duros. Pero ¿qué se podía esperar para una responsabilidad de diez años que, en las últimas designaciones, se han definido más en lo político que en lo jurídico?

Por esto último me pareció estrafalario que el ciudadano presidente atribuyera el rechazo a lo político ¿y su propuesta qué era? Cuando llegó la demoledora intervención de la diputada Zulay Rodríguez ya en el imaginario social se percibía con dudas a las candidatas, no solo por las evasivas de la fiscal Moore sino por las limitaciones exhibidas por la abogada Tovar de Zarak.

Las designaciones a la Corte no son un acto de buena fe; tampoco se pueden lograr con evasivas, y la decencia es un trámite obvio. La duda no cabe en la decencia de Moore y Zarak, son personas correctas, pero sospecho que en el rechazo parlamentario hubo más facturas para el presidente que para las candidatas. Ambas parecieron arrastradas en un torbellino en el que, si bien han tomado partido, sus comparecencias solo sirvieron para confirmar la ya anunciada negativa de los diputados.

Es evidente que en el caso de la fiscal Moore un sostenido reclamo a su gestión selectiva, así como a no tocar aquellos casos donde podría aparecer implicado el presidente Varela fueron cruciales para la votación en contra. Lo de la abogada Tovar de Zarak se proyectó más como una tragedia.

Las bancadas de ambos partidos anunciaron con más de un mes de anticipación su rechazo a las propuestas y quedó la sospecha de que el enorme espacio de gestión que se registró entre ese rechazo y la votación realizada el martes estuvo copada por gestiones del Ejecutivo, destinadas a lograr los votos para su propuesta.

Por eso resulta irónico que el resultado de este martes 30 de enero se atribuya a un supuesto chantaje por parte de los parlamentarios, si históricamente está comprobado que chantajea y soborna el que tiene poder para hacer ofrecimientos.

Pero hay algo confuso, errático y hasta sórdido que deja el resultado de esta votación. El pasado dos de enero, cuando ya se sabía de las disidencias parlamentarias, se esperaba un pronunciamiento presidencial de consenso, amplio, destinado a sumar voluntades, no a polarizar posiciones. Algunos rumores corrieron en ese sentido, pero una arrogancia ya recurrente del jefe del Ejecutivo me hizo recordar los años finales de la década del ochenta, cuando sectores históricamente enfrentados se unificaron para enfrentar al régimen militar.

Me temo que algo similar se registró este martes en la Asamblea. La errática política del presidente Varela y su equipo hizo posible la unidad de dos bancadas históricamente enfrentadas, que en el reciente quinquenio tuvieron más de una diferencia. Ese largo trecho recorrido desde la postulación hasta la votación solo sirvió para que el Parlamento se uniera en su contra.

Si hay un responsable de los resultados del martes, es usted, señor presidente, y una política que, en lugar de sumar, promueve confrontaciones; una terquedad inexplicable, que podría ser desastrosa en las actuaciones políticas de 2018.

Reconocer los errores no es humillarse, es crecer...

PERIODISTA