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30 de Ene de 2023

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    Rafael Carles

Columnistas

La epidemia de la obesidad (II)

‘Como sociedad, tenemos una responsabilidad de hacer todo lo que podamos para promover una alimentación saludable a los niños [...]'

Muchas cosas se han hecho para luchar contra la epidemia de la obesidad y el sobrepeso. Ciertamente, la visión del ministro Miguel Mayo debe ser aplaudida, así como el esfuerzo de miles de funcionarios que tratan diariamente de prohibir alimentos dañinos y promover estilos saludables de vida. Y, aunque en Panamá hay muchas escuelas donde ni siquiera se imparte la signatura Educación Física, es loable el trabajo de muchos profesores que inculcan la importancia de la actividad física y la alimentación saludable.

Sucede que en muchos lugares y en muchas escuelas los niños se bajan del autobús y se van a sentar en una silla a chatear o ver a televisión. El sentido de mover el cuerpo se ha perdido en el camino. Por eso, hay que intensificar la lucha contra la obesidad. Nosotros hemos destinado una buena parte de nuestro tiempo y recursos para combatir la obesidad infantil, pero nos estamos encontrando con algunos determinantes sociales de seguridad que son un verdadero problema aquí en Panamá. Comunidades en las que todavía no hay tiendas donde vendan frutas ni vegetales frescos, y, por lo tanto, no tienen acceso a una buena nutrición. Comunidades que no son suficientemente seguras para que la gente pueda practicar deportes. Comunidades que no tienen acceso a parques ni jardines con árboles. Creemos que se necesitan leyes para mejorar estos factores sociales determinantes de la salud, vivienda, ingresos y seguridad.

Cuando hablamos de salud, muchas veces se piensa que el Gobierno es el único responsable de educar y modelar comportamientos saludables, como actividad física y buena nutrición. Pero sentimos que las escuelas y la familia tienen un rol importante para crear entornos propicios para ayudar a que los niños desarrollen hábitos saludables de por vida. Definitivamente son las instancias más efectivas del aprendizaje y son en las que debemos enfocarnos para hacer las mejores inversiones para el futuro.

Se debe crear un programa de política pública de salud para educar a las autoridades como alcaldes y diputados para que aprendan a atacar los problemas de salud a nivel de la comunidad. Igualmente, debemos invertir en ayudar a los padres a ser mejores padres, especialmente cuando se trata de decidir cómo y cuándo el cerebro se desarrolla, el impacto de la comunicación temprana y el impacto de una buena nutrición. Hay muchas cosas que podrían cambiar si pensamos en las cosas que suceden a los niños y que son prácticamente irreversibles en términos del resto de sus vidas. Creo que deberíamos invertir más en aquellos años tempranos y en apoyar a los padres que quieren ser mejores padres.

Consideramos que la prohibición, o al menos la reducción considerable, de los anuncios de comida chatarra orientada a los niños sería una política muy efectiva para reducir las tasas de obesidad infantil. Muy a menudo, los padres luchamos una batalla perdida, si nuestros niños están siendo bombardeados constantemente con publicidad que promueve la comida rápida y los alimentos poco saludables. Los niños han sido el blanco de los anuncios de comida chatarra durante mucho tiempo, y esto se produce en horas durante sus programas de televisión favoritos. Pero ahora tenemos tecnología digital moderna que permite la publicidad personalizada, y el problema se ha vuelto más insidioso. Los anuncios de Facebook de comida chatarra en los teléfonos inteligentes y los anuncios de aperitivos hipercalóricos aparecen cuando los niños están jugando en línea.

Estamos de acuerdo en que hay que reducir o prohibir los anuncios dirigidos a los niños, si queremos bajar la tasa de obesidad. Siempre hemos sido partidarios de los balances y del equilibrio de nuestras libertades como ciudadanos, pero simplemente tenemos que hacer algo para mejorar la salud de nuestra población. Y como industriales y empresarios tenemos una responsabilidad de proteger la salud de nuestra juventud, y eso incluye protegerlos del bombardeo de mensajes insalubres. Hemos encontrado niños de escasos recursos, más vulnerables y propensos a este tipo de publicidad, con menos probabilidades de obtener mensajes de salud, con menos acceso a una buena nutrición y con menos posibilidades de tener acceso a lugares seguros para jugar. Cuando juntamos todas estas cosas, empezamos a ver disparidades en cosas como el sobrepeso y la obesidad.

Como sociedad, tenemos una responsabilidad de hacer todo lo que podamos para promover una alimentación saludable a los niños y a entender que existen disparidades en la salud.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.