La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Zakira Pineda

Columnistas

Del matrimonio igualitario o el círculo de la exclusión

El tema del matrimonio entre personas del mismo sexo se ha vuelto una contienda muy sanguínea

Hace algunos días al encender el televisor y escuchar las noticias lo primero que pensé fue ‘¿nadie se da cuenta de que lo único que se está logrando con manifestaciones de ese tipo es sembrar odio?'. Sí, estamos sembrando odio y pareciera que nadie se da cuenta o quizás todos saben y lo aceptan de manera consciente.

Se preguntarán a qué viene todo esto. Hay varias razones que fundamentan mi dolor, por llamarlo de alguna forma, muchas son sus fuentes, pero en este caso la principal es el tema del matrimonio igualitario. Yo comprendo que es difícil entender y aceptar una situación que no se apega a los principios religiosos inculcados casi desde la cuna, pero una cuestión es defender los derechos propios y otra muy distinta es interferir en que los otros ejerzan los de ellos, esta situación trae a mi mente la famosa frase de Benito Juárez, ‘el respeto al derecho ajeno es la paz'. Escucho mucho de los derechos de la familia, lo que establecen los textos religiosos, pero no de los derechos de aquellos seres humanos de optar por formalizar sus vínculos bajo un contrato.

El tema del matrimonio entre personas del mismo sexo se ha vuelto una contienda muy sanguínea en la que solo escucho ataques sobre ataques, fundados en miedo, sí, en miedo, porque lo que se desconoce se teme. Mientras más cosas escucho al respecto crece mi nivel de asombro, no puedo creer que a estas alturas de la historia manejemos tal nivel de ignorancia y egoísmo.

Estoy por pensar que existen categorías de humanos y subhumanos, ese sería el único motivo para negarle a una persona derechos que se supone que ostenta solo por ‘ser humano' y sé que por allí saldrán los que tienen las piedras de la verdad a querer lapidarme; solo quiero recordar que hasta donde sé el amor es la ley general que sostiene todos sus fundamentos religiosos y que esas personas que tachan de indeseables, a quienes quieren seguir segregando, también son sus prójimos.

Al final, es sencillo señalar y decir que tal o cual conducta está mal. No creo que ninguna persona que señale con tanta rabia considere la posibilidad de que ese pudiera ser su hermano, amigo, mamá, hijo o incluso, ella misma. Nada se gana aislando a las personas, ¿por qué no se le pueden reconocer los mismos derechos y beneficios? Simplemente porque no los consideran en el mismo nivel, hay que llamar a las cosas por su nombre, todo el alboroto es que no se considera que los homosexuales sean personas iguales que uno.

No se trata de los principios morales y más cosas que escucho, el tema es mucho más profundo, se trata de discriminación de seres humanos que aún a estas alturas del partido no se sienten en la libertad de vivir sus vidas de forma abierta y va más allá de una norma legal.

A mí no me asombra que se debata, que se argumente en contra de un tema que uno no acepta, pero nada justifica que se ataque y se siga segregando a personas que son iguales que usted y que yo.

ABOGADA