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17 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Se busca un banco de la familia panameña

‘Ciertamente, para que un banco alcance a ser el ‘de la familia panameña', tendría que hacer algo aproximado a lo efectuado por la CSS [...], con toda la transparencia del caso'

Doña Delia después de haber pagado más de 20 años continuos la hipoteca de su vivienda, fue a pedir su estado de cuentas para verificar que solo le faltaban unos tres años y sencillo para culminar su compromiso con cierto banco de capital nacional, siendo sorprendida con la novedad de que aún le faltaban unos ocho años más para cancelar su cuenta, presuntamente en razón de que hubo cambios en la tasa de interés aquí, aumento de la tasa Libor por allá, aumento de… bla, bla, bla.

La cuestión es que, desprotegida por las leyes hechas a la medida del enriquecimiento de banqueros (oficiales y privados), esta doña no tuvo otra alternativa que pagar más allá de lo pactado originalmente. Así, de una hipoteca de 19 mil dólares, terminó pagando casi 55 mil dólares al final de su calvario.

Lo antes dicho, me hace pensar que quienes se llevan la TAJADA DEL LEÓN en la ‘gran industria de la construcción' y de las inversiones inmobiliarias no son los señores de la Capac, sino los banqueros con actividades en el ramo hipotecario. En efecto, al multiplicar 19 mil dólares de mediados de los años ochenta, por cada vivienda de la barriada donde vive doña Delia pagado por el banco a los promotores —constructores asociados en la Capac, restado a los casi 55 mil dólares pagados por cada una de las demás ‘Doñas Delias' de dicho proyecto de más de 500 unidades, en plazos de 25 a 28 años y considerando el aporte estatal por ser viviendas de montos subsidiados (interés social le llamaban) dicho banco obtuvo en utilidades la no despreciable suma de 18 millones de dólares, solo en ese proyecto de referencia. Por su parte, los promotores, obtuvieron unos 9.5 millones por el proyecto, pero que tuvieron que compartir con los dirigentes y bases del Suntracs, los diseñadores y publicistas, entro otros. Les quedaron dividendos, sin duda, pero comparado con lo obtenido por los banqueros, resulta una suma modesta.

Pero no es esa la única modalidad de acopiar profusos dividendos con base en el trabajo de otros. En varios bancos que se dicen beneficiar a ‘la familia panameña', hay más de una queja de prestatarios de las clases trabajadoras, en la que se registran atrasos en los pagos —a pesar del cumplimiento de estos clientes— que velozmente se trasladan a las pantallas de la APC, lo que en cualquier litigio legal sirve para favorecer la versión del banco y no la de los pagadores. La presión es tal que, o bien estas familias terminan accediendo a sumas extraordinarias que periódicamente les inventan o en extremo, se someten a litigios legales destinados a la pérdida de uno de los bienes físicos más preciados en las capas medias y bajas: la vivienda.

¿y la Acodeco?, bien gracias, ¿y usted? Para efectuar una defensa del consumidor de estos bienes inmobiliarios pone requisitos que no hay miembro de familias trabajadoras que lo resista en tiempo y costos financieros, con lo cual termina desistiendo de siquiera iniciar cualquier trámite.

En este escenario, ¿habrá algún banco que favorezca los intereses de las familias panameñas? Todo indica que no hay entidades crediticias con ese atributo en nuestro país. Con razón, fueron los más viscerales destructores de los proyectos colectivos de vivienda que desarrolló la Caja de Seguro Social en los años setenta e inicios de los ochenta, aduciendo escándalos millonarios que, por razones políticas, muchos le hicieron eco, ocultando el verdadero móvil de la eliminación de dichos proyectos... gracias a estos, los hogares panameños fueron protegidos de la voracidad de los usureros de esa época —que en su mayoría aún se mantienen en esta actividad— que no podían imponer los contratos leoninos que después de eliminar esos proyectos han vuelto a proliferar.

Ciertamente, para que un banco alcance a ser el ‘de la familia panameña', tendría que hacer algo aproximado a lo efectuado por la CSS en esa época, con toda la transparencia del caso. También, no copiar las prácticas usureras que realizan los banqueros privados y apoyar a los que tienen atrasos cuando realmente lo tienen —y no inventárselos—, mas no actuar punitivamente con inocultable ánimo del despojo de lo poco que poseen las familias desprotegidas que acuden a esta entidad. Mientras esto no ocurra, debe plantearse una lucha social por constituir un verdadero banco de la familia panameña.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.