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14 de Oct de 2019

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Panamá y Venezuela

En Lima, el presidente Varela respaldó la no asistencia de Maduro a la reunión de presidentes. Pocos días después lamentó que él —Maduro— no estuviera presente

Las constantes contradicciones del presidente Varela, en los cuatro años de su Gobierno, han dado amplias muestras de su actitud a lo interno y a lo externo del país. Esto realmente es muy preocupante. A lo interno, basta leer sus promesas de campaña que, en más de un 90 %, no las ha cumplido. En lo internacional, ha tenido una política muy inconsistente (Venezuela, Francia y Colombia, entre otros). El caso reciente de Venezuela es uno de ellos. Por ser este muy reciente vale la pena analizarlo.

En Lima, el presidente Varela respaldó la no asistencia de Maduro a la reunión de presidentes. Pocos días después lamentó que él —Maduro— no estuviera presente. Varela también hizo en la capital peruana otras declaraciones llenas de inexactitudes, que la prensa local las criticó mucho, con la excepción de un medio de comunicación oficialista. La comunidad civil organizada también se pronunció en igual forma.

Nuestro Gobierno dio a conocer una lista que se conoce como PEP (Persona Expuesta Políticamente). Muchos panameños piensan que el presidente Varela puso a Maduro y a Diosdado Cabello y a otros miembros del Gobierno venezolano en la lista PEP para complacer a los EE.UU., que no ven con buenos ojos su no disimulada complacencia con los intereses chinos. Parece ser que dicha lista se la entregó los EE.UU. al Gobierno nacional. En Panamá hay infinidad de personas que aparecen en la lista por haber sido ministros de Estado, presidentes de algunos partidos políticos, etc. En los EE.UU., muchos bancos les han cerrado sus cuentas por ello.

Maduro vio en dicha lista, que dio a conocer el Gobierno de Varela, un gran peligro para la inmensa fortuna que él y sus cómplices tienen en nuestro país, de acuerdo con afirmaciones concretas hechas por grupos oposicionistas a su régimen autoritario. El dictador venezolano tomó inmediatamente represalias comerciales contra nuestros nacionales. Pocos días después Maduro recapacitó, tomando en cuenta que Panamá no había tomado ninguna otra medida contra él y sus amigos, y que la famosa lista se quedó solo en eso, cambió totalmente de postura. Le extendió una invitación a nuestra Cancillería para que se entrevistara con una delegación suya. Al parecer los resultados de dichas reuniones no fueron de entera satisfacción para él. Fue entonces cuando le dijo al presidente Varela la conveniencia de tener una reunión ‘cara a cara' para resolver los asuntos que afectaban las relaciones entre ambos países. Para dar fuerza a sus palabras, manifestó que en un ‘clic' todos los problemas podían resolverse rápidamente. La reunión, a la cual había invitado Maduro a Varela, no tuvo que llevarse a cabo. En una conversación telefónica entre los dos, declaró Maduro, se resolvió todo. Fueron acordadas tres medidas: la reanudación inmediata de las relaciones diplomáticas; volver a llevar a cabo los vuelos entre las dos naciones y por último, las respectivas cancillerías revisarían los otros temas pendientes de solución.

Todos estos tres puntos ya se han cumplido. Las relaciones diplomáticas han regresado a su anterior estatus; los embajadores, tanto de Venezuela como de Panamá, ya están en plenas labores diplomáticas. COPA volvió a efectuar sus vuelos. Esta línea aérea ya había borrado de sus libros los muchos millones que le adeudaba Venezuela. Con la suspensión de los vuelos la línea área panameña perdió varios millones de dólares y se vio muy afectada en el precio de sus acciones que tuvieron una gran disminución en su cotización en la Bolsa de New York. Las cancillerías de los dos países están dispuestas a reunirse próximamente. En síntesis, a Maduro y a sus cómplices lo que les interesaba primordialmente era que sus dineros y otros activos no se vieran afectados por otras medidas que el presidente panameño pudiera haber tomado.

Entre el presidente Varela y el presidente Maduro existen muchas cosas en común. Además de ser amigos, ambos son muy populistas; también ejercen selectividad para proteger a sus amigos y perseguir a sus adversarios. Han impuesto el control de precios, que muy pocos países lo tienen. No simpatizan con la empresa privada. Varela la ignora y Maduro la ha acabado. Las instituciones armadas en Panamá han pasado de ser de una policía, como señala la Constitución, a ser un ejército bien armado. En Venezuela el Gobierno le ha dado todos los recursos posibles a su ejército y sus jefes han tenido, con su entusiasmo y cooperación, la oportunidad de obtener muchas ‘coimas' en la adquisición de todo su armamento que compran sin ningún control.

También hay, por supuesto, diferencias entre los dos mandatarios: Maduro es un dictador, sanguinario, Varela no es ni dictador ni sanguinario. En Venezuela no existe libertad de prensa, nadie puede hacerle ninguna crítica a él o a su Gobierno. En Panamá hay plena libertad de prensa y de expresión.

La imagen de Panamá se afecta muchísimo con estas constantes contradicciones. El presidente Varela un día toma una posición y posteriormente otra muy distinta. Estas posiciones de constante dualidad desprestigian mucho a nuestro país y vamos perdiendo, poco a poco, el respeto en la comunidad internacional.

EMPRESARIO

‘[...] basta leer sus promesas de campaña que, en más de un 90 %, no las ha cumplido'