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18 de Oct de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

¡Así de simple!

La primera línea de ataque contra el aumento de peso es dejar de tomar sodas

Hay muchos que consideran nuestra postura de promoción de salud como ultra radical y dicen que somos enemigos declarados de la industria de alimentos, algo que es totalmente falso y resulta además absurdo y hasta cómico el solo pensarlo. Seguramente muchos que nos tildan de anti-industrial no parecen entender del meollo de salud pública en Panamá ni tampoco se han tomado la tarea de conocer acerca de las opiniones aberrantes de grupos como el Centro para la Libertad del Consumidor, básicamente una institución pantalla convertida en brazo de relaciones públicas de la industria de alimentos y licores, y que en el pasado tuvo el descaro de defender la venta de cigarrillos también.

Es imposible no sentir antipatía por gente que defiende el vil bolsillo de algunas industrias sin reparo o consideración ética, y que además se atreven a publicar anuncios de página entera en el New York Times diciendo que ‘los consumidores no necesitan de las autoridades para que les digan que no tomen sodas'. Y de remate, se niegan a revelar el nombre de las empresas que pagaron los anuncios, porque si las embotelladoras no los pagaron directamente, eso hace pensar que tal vez lo hizo la American Beverage Association o lo más probable la Asociación Nacional de Restaurantes.

Lo que sí es cierto es que los restaurantes ganan mucho dinero vendiendo sodas. Una de las cosas que sabemos es el costo promedio de una soda servida en un restaurante, menos de un centavo por onza. Si venden un vaso de 20 onzas, imagínense lo que se ganan porque el precio es mucho más que 20 centavos. Igualmente, en una sala de cine, las ganancias son de cuatro y hasta cinco dólares por soda servida. Es obvio entonces suponer que los restaurantes se opondrían firmemente a cualquier regulación que reduzca el tamaño de porción o el consumo de sodas. Y es muy simple, porque aquí no se trata de la salud del consumidor, sino de la rentabilidad del negocio.

También es lógico pensar que los restaurantes se opondrían a que las personas tomen agua del grifo, porque allí no hay ganancias. Y en eso las compañías de soda tienen mucho que ver, porque envasan agua y les resulta fácil alentar no solo la venta de sodas, sino también de agua embotellada. Por eso cuando escuchamos a las compañías de soda promocionar sus productos como una excelente fuente de hidratación, vemos que no es muy diferente a que las tabacaleras digan que fumar satisface la necesidad humana básica de inhalar.

A veces sentimos pena por las embotelladoras y tabacaleras, porque tuvieron un viaje fácil durante casi cien años. Pudieron comercializar sus productos de la forma que quisieron, hicieron todo lo que pudieron para estimular el consumo de sus productos en todo el mundo y tanto como les fuera posible, pero ahora son señalados directamente, porque sus productos contribuyen a elevar las tasas de enfermedades crónicas, evidencia que crece y se multiplica más cada día. En cierto modo, podemos decir que estas, las compañías de sodas y cigarrillos, no estaban preparadas para enfrentar la explosión negativa de su imagen corporativa.

Aunque las tasas de obesidad en niños de seis a 11 años se han cuadruplicado en las últimas cuatro décadas y más de un tercio de la población sufre de obesidad o sobrepeso, no creemos que exista ninguna posibilidad de que en el futuro las embotelladoras sean declaradas culpables por este problema ni tampoco que alguna vez sean obligadas a pagar por su contribución a los costos de salud relacionados con la obesidad. Y la razón es muy simple: la obesidad no es solo un problema de sodas, es un tema de calorías provenientes de muchas fuentes, y la mayoría de las personas no consumen sodas como su fuente principal de calorías.

Ciertamente, el asunto es complicado. Pero lo que sí podemos decir categóricamente es que las personas que habitualmente toman sodas tienen muchas más posibilidades de tener sobrepeso y sufrir de diabetes tipo 2, y mientras más sodas beben, es más probable que sean obesos y sufran de otras enfermedades no transmisibles. Esas relaciones están muy bien documentadas, pero señalar que las sodas solas causan obesidad, no es correcto. Pero reiteramos, la primera línea de ataque contra el aumento de peso es dejar de tomar sodas. Es lo primero que debe hacer una persona si quiere perder peso. Así de simple.

*EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.