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16 de Oct de 2019

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Marcos Castillo Pérez

Columnistas

El Tao de las relaciones con China

Ese primer encuentro pudo haber sido fuerte; pero despertó en mí una curiosidad casi obsesiva por la cultura china

A mediados de los ochenta me mudé a la capital, dejando mi natal Chiriquí en busca de mejores oportunidades. Recuerdo que uno de los primeros lugares que recorrí, en mi etapa exploratoria de la ciudad de Panamá, fue el Barrio Chino en la bajada de Salsipuedes. Para un joven veinteañero, ávido de la historia y la aventura, fue impactante ese encuentro con lo que a primera vista me pareció un mundo fabuloso y exótico. No olvidaré el aroma que emanaba de las tiendas, restaurantes y templos, producto de una mágica mezcla de incienso y especias. Ver los caracteres de la escritura china en los negocios y mirar a los ancianos leyendo periódicos escritos en su lengua, trasladó por un momento mi imaginación a una tierra lejana y legendaria.

Ese primer encuentro pudo haber sido fuerte; pero despertó en mí una curiosidad casi obsesiva por la cultura china que, con el correr del tiempo, me convirtió, como a muchos panameños, en un asiduo comensal en los pintorescos y aromáticos restaurantes chinos, hasta hoy, cuando con cierta regularidad los fines de semana, no puedo resistirme a un dim sum o al sinfín de opciones que ofrece esa milenaria cocina oriental.

Con el pasar de los años, el crecimiento y prosperidad de la influyente Comunidad Chino—Panameña, provocó el éxodo de muchos negocios al sector de El Dorado, detrás del primer centro comercial de la ciudad, dando origen al segundo barrio chino. Sin embargo, persiste el exótico atractivo del Barrio Chino de Salsipuedes, ya que en él están los templos y sede de asociaciones chino—panameñas.

La Comunidad China se ha adaptado profundamente a la sociedad panameña. Ese proceso lo constatamos a diario al ser atendidos por familias chino-panameñas que nos proveen de alimentos en sus minisúper, conocidos como ‘la tiendita del chino' o ‘el chinito'. Cada fin de semana que el panameño tiene que asistir a alguna fiesta, no duda en acudir a las lavanderías de los ‘paisanos' para que le planchen su ropa. La celebración del Año Nuevo chino no es una fiesta cerrada de los descendientes de Confucio que viven en Panamá, sino una actividad compartida con el resto de los panameños. Aquí no se habla de la ‘Comunidad China, sino de la ‘Comunidad Chino-Panameña'. A los jóvenes de hoy no les resulta algo del otro mundo visitar los sectores chinos de Panamá, porque en sus barrios, escuelas, equipos deportivos y asociaciones conviven y comparten con jóvenes de ascendencia china que hablan el español con igual fluidez que el chino, mandarín o cantones.

El 13 de junio de 2017 el Gobierno anunció el establecimiento formal de relaciones diplomáticas con la República Popular de China. Ha pasado casi un año de este acontecimiento histórico y no queda dudas de que esta postergada decisión ha sido la correcta; era imperativo el vínculo pleno con la potencia emergente que será dentro de un par de décadas la mayor economía del mundo. El incremento de la cooperación cultural chino-panameña está permitiendo que nuestros jóvenes vayan a estudiar a China; que hombres y mujeres de negocios de ambos países amplíen los intercambios comerciales bilaterales y que cada vez se hable más de las grandes oportunidades de negocios que se han iniciado con esta nueva relación.

China es el primer proveedor de la Zona Libre de Colón y el segundo mayor usuario del Canal, con decenas de empresas establecidas en Panamá, inversiones millonarias en actividades marítimas, financieras, de infraestructura y telecomunicaciones.

Hoy, más que ayer, el aroma a incienso y especias, que una vez me transportó en mi imaginario de la calle Carlos Alberto Mendoza a una tierra mágica y lejana, se siente con mayor intensidad y parece guiar el buen olfato de chinos y panameños, encaminándolos a un futuro lleno de oportunidades en un mundo ahora más cercano.

EXPRESIDENTE DEL CONAPE.