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15 de Oct de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Tecnología y nuevas tendencias

‘Durante el próximo periodo electoral [...] la sociedad [...] vivirá el papel que van a desempeñar las redes en posicionar ciertos contenidos [...]'

El felino se agazapó casi al salir de la selva que se derramaba abruptamente sobre la arena de la playa. Miró una tortuga, quizás moribunda y se lanzó sobre ella para alimentarse, mientras las imágenes captaban todo el hecho. Luego el animal, saciado su apetito voraz, se dio vuelta y desapareció en la espesura. Las secuencias se hicieron virales —como se dice ahora a todo lo que cuenta con alta audiencia en las redes sociales— y surgieron comentarios de todo tipo.

Algunos argumentaron que se trataba de las playas de Bocas del Toro; que, a causa de la deforestación por varias obras que se construyen en la provincia, los animales silvestres carecían de alimentación y se veían obligados a bajar a la costa por algo que comer. Poco duró la alucinación de quienes promovieron estas versiones. Se comprobó que las escenas corresponden al humedal Tortuguero en Costa Rica y no provenían de la realidad panameña.

Ciertos trasnochados han logrado llevar a los avances de la tecnología un modelo tan antiguo de comunicación como los chismes. Sencillamente, utilizan escenas irrisorias, alarmantes, absurdas o impactantes que pueden extraer de cualquier parte del mundo, incluso locales, pero que corresponden a fechas pasadas y les agregan un texto que se refiere a algún problema nacional para elaborar un mensaje y difundirlo en forma masiva.

Este modelo tiene la particularidad de moverse muy rápido en encuentros coloquiales. En los pueblos, no había manera más rápida de acabar con la honra de una persona, que adjudicarle una acción u omisión y este comentario se regaba ‘como pólvora' en las calles. ‘Oye, sabes que fulanita, está saliendo con el hijo de menganito. Y parece que el asunto va en serio; porque se le nota ya la barriga'.

En las redes sociales ocurre algo parecido y el asunto toma una importancia tal que ahora han aparecido expertos en administrar esas modalidades. Se les llama ‘influenciadores' (influencers, como se les conoce en inglés). Su papel es seguir el rumbo de determinados temas en el twitter y lograr —gracias al seguimiento con que cuentan— crear ‘tendencias' en la medida que son recogidos y repetidos de modo exponencial a través del sistema en internet.

Durante el próximo periodo electoral en el país, la sociedad panameña vivirá el papel que van a desempeñar las redes en posicionar ciertos contenidos, sin que haya una forma de determinar si los textos corresponden a verdad o mentira. Los interesados aducirán que el asunto descansa en la libertad de expresión, consignada en la Constitución, sin hacer mención que este artículo deja entendida la obligación de ser responsable al emitir la opinión.

El presidente de la República en una reciente aparición pública, ponderó la fiesta que constituye en Panamá el día de la elección y auguró que el desarrollo de la campaña previa pueda desenvolverse con similar clima. Habló de que sea un escenario de propuestas claras, transparentes y los candidatos tengan la posibilidad de exponer propuestas sinceras. Aquí es donde suelen actuar quienes dominan estas formas de intercambio mediático.

Asombra la rapidez con que una persona puede ser víctima de un mal comentario, una mentira o juicio desatinado por un interés específico. ¿Cómo podemos hacer frente a estas desviaciones de una facultad que tienen los humanos de establecer un proceso de intercambio de textos con una pluralidad de asuntos? Es preciso elaborar una forma de enfrentamiento a las noticias falsas, hechos aparentemente narrados y sin existencia real.

Cada nación construye sus propios lenguajes y maneras de prolongar la cultura. Si el sistema político cuenta con sus instituciones; no podemos dejar que la mentira, maledicencia y despropósitos dominen los espacios alcanzados por la democracia. Mucho ha costado.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.