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29 de Feb de 2020

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Virginia Arango Durling

Columnistas

La industria de la formación

¿Acaso no creen ustedes que la educación universitaria ha cometido algunos errores?

El mercado publicitario de la industria de la formación conjuntamente con la sociedad han vendido la imagen de que para tener éxito hay que ser universitario, con ello se garantiza un trabajo, y es una forma de sentirse más educado o superior a otras personas, de manera que se presiona a los jóvenes a entrar a este círculo, aunque no muestren interés en continuar con estos estudios.

Ciertamente, que a nivel mundial la educación superior dejó de ser elitista, y con la universalización y democratización de la misma, se produjo la masificación universitaria y el incremento de las universidades públicas y particulares, y no cabe la menor duda de que hay ofertas para todos los gustos.

No obstante, se observa en las aulas universitarias grupos de estudiantes que no quieren, ni les interesa estudiar, aunque se sientan atraídos por otras cosas. Y es aquí donde es preciso hacernos algunas interrogantes. ¿Acaso no creen ustedes que la educación universitaria ha cometido algunos errores? ¿No piensan ustedes que en gran parte se debe a que se ha flexibilizado las pruebas de acceso, en otras no las hay o existen para algunas carreras universitarias? ¿No consideran ustedes que las pruebas de ingreso a la universidad son imprescindibles, con la finalidad de advertir sobre los conocimientos y las habilidades que tiene el aspirante para estudiar la carrera?

Siempre he advertido que leer, estudiar y aprender no es algo que entusiasma a todos y es considerado aburrido, y a nivel personal, aunque yo motive a mis alumnos al estudio, no creo que todos lleguen a sentir esa pasión por él, por consiguiente hay que tener presente, que dicho interés requiere una motivación personal, hay que tener las ganas y la capacidad de aprender, por ende, la universidad y la vida profesional no son para todos.

Hay que acabar con esa línea imaginaria de universitarios y no universitarios, y de ese discurso del éxito, puesto que aunque en nuestro medio hay una exigencia del título en las ofertas de trabajo, cualquier persona puede ser exitosa sin él, hay empresas que prefieren a personas que no lo tienen, y además, que con la ‘titulitis' no se consigue los fines señalados.

Lo que sí hay que tener claro, es que el fenómeno de la ‘titulitis' o la obsesión con tener títulos o más títulos para aumentar el currículum, ha invadido todas las esferas, inclusive la política y la vida académica. Así podemos asegurar en el área de Derecho, hay profesionales que tienen más de un título, quizás para sentirse sobrevalorado en conocimientos frente a otros que no los tienen, o también para poder acceder a concursos de cátedra, que en el caso de este último suman más puntos que las ejecutorias (libros, investigaciones u otros) que efectivamente son las que reflejan un conocimiento académico o profesional.

La epidemia para conseguir más títulos, es preocupante. ¿Acaso no se han preguntado ustedes quienes se favorecen con estas ofertas de estudios, como se obtienen esos títulos y cuáles son sus consecuencias? En otros países, la ‘titulitis' ha afectado la credibilidad de las universidades como consecuencia de títulos enmascarados, fraudes, calificaciones infladas, clientelismo, sin dejar de mencionar, que la sobre cualificación de los profesionales ha traído más desempleo.

CATEDRÁTICA DE DERECHO PENAL, UP