22 de Feb de 2020

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Carlos Augusto Herrera

Columnistas

Impotencia

‘Caemos en manos de los soberbios que administran la justicia y que se sienten seres superiores con ese escudo de la ley'

Tenemos conceptos relacionados entre justicia, ley, autoridad, derecho y otros, que la humanidad utiliza en busca de sosiego y para obligar a lo remisos que adopten un proceder adecuado en establecidas circunstancias, con apoyo de todo un andamiaje entre los que gobiernan y los gobernados, resumidos en los tres pilares comprendidos entre el ejecutivo, legislativo y judicial, que deben actuar de modo separado pero armónico, un asunto a la fecha difuso en esta acalorada realidad cotidiana, en una batalla a gritos entre sordos, vivenciado a diario por cualquier cosa, mientras los que nada tienen perecen frente a todo vejamen.

Hablo por aquellos mortales sin voz y votos que agonizan en los vaivenes de la ignorancia, prepotencia y capricho de los engreídos, que saben tejer esta telaraña para someter a los que no tienen acceso a la justicia, que por cierto es un concepto utópico que lo llevamos por el sendero de la venganza o el resarcimiento económico, al determinar la vida con un valor material establecido o convertido en prisión carcelaria. Somos tan ilusos que nos agitamos en golpear cacerolas y apagones para protestar por lo que nos hacen los que dice que gobiernan con imposiciones avalada en los aumentos en los costos por los servicios como nos ocurre en este momento.

En el estado ideal se habla de igualdad ante la ley pero a la vez persisten los privilegios de unos cuantos sobre el resto, a pesar de que la ley está creada para rodear con un marco de justicia que supuestamente debe igualar las clases sociales, el desbalance entre ricos y pobres, el sexo que está definido entre dos, pero se exigen variantes obscenas con derechos y hasta privilegio por atreverse a ser diferente en sentido degradante o sobre la condición étnica en un coste discriminatorio del lado de los que critican lo previsto con un patrón ideal a pesar de que todos somos humanos.

El asunto está en que al enfrentar a la ley por cualquier desavenencia, al suponer que con judicializar el reclamo el asunto se manejará dentro del equilibrio, un asunto que está cada vez más lejos de esa verdad, al caer sometido quien busca ese apoyo legal para que brille la verdad y se plasme la mediana justicia. Caemos en manos de los soberbios que administran la justicia y que se sienten seres superiores con ese escudo de la ley, con el que se blindan por encima de la condición de los servidores públicos. Hay muchas cosas en medio de ese tortuoso camino que empieza desde lo más llano, a través de subalternos entre escalones para llegar al que dispone y que se distorsiona a través de todo el engranaje de los que dicen administrar la ley, que en una mayoría ignoran lo que ocurre.

Servidores públicos a modo de la policía, que según la ley 18 de 3 de junio de 1997, Orgánica De La Policía Nacional, son los encargados de garantizar la paz y la seguridad ciudadana al tenor de la Constitución y la ley y así se redacta en el artículo 2. Esta es una imprescindible protección y en ese esfuerzo actúan al son de autoridad al cumplir y hacer cumplir la ley, un tema reservado para otro momento, pero en lo concerniente están muy lejos de cumplir con ese deber anunciado por falta de una debida formación y supervisión sobre la actividad diaria desplegada en ese manejo, donde priva la jerarquía y subordinación en completo ayuno de los conocimientos jurídicos y psicológicos en atención a la ciencia de la conducta. El artículo 3 habla de proteger la vida, honra y bienes y demás derechos y libertades, conservar el orden público, prevenir y reprimir faltas y hechos delictivos, para lo que sin dudas hacen un gran esfuerzo pero en ese despliegue se abusa al aplicar reglas por excepción, aquí ocurre lo mismo que en las oficinas judiciales a las que todos terminamos sometidos.

Contamos con algunos conceptos afines y propios del servidor público a modo de la prepotencia que se asocia a la soberbia y arrogancia algo común en una mayoría. La gente se marea con los cargos y se sienten superior a los demás y por ello no dudan la imposición de un capricho por la fuerza convencidos que en resto debe someterse a la voluntad y lo maquillan con el respeto a la autoridad que a fin de cuentas es de la ley, porque si dicen que todos somos iguales debe prevalecer el respeto recíproco. Seguimos.

ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO