La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

De partidos y el loro viejo

Por su deterioro moral son, en gran medida, responsables de los sobresaltos

Para los sistemas democráticos los partidos políticos son esenciales. Si cumpliesen los propósitos para los que se crean, garantizarían estabilidad, equidad social y el ejercicio justo y correcto del poder para beneficio de los ciudadanos. Pero no lo han hecho y por su deterioro moral son, en gran medida, responsables de los sobresaltos y descontentos que no han dejado de perturbar la vida ciudadana durante varias décadas. Otros países también sufren lo mismo pero ‘mal de muchos es consuelo de tontos'. Los partidos políticos carentes de ideologías que alguna vez dieron brillo a uno que otro partido, hoy son grupos desnaturalizados, manchados de corrupción o meros cascarones. Es el caso en Panamá y por ello es inmoral que persistan en presentarse como salvadores de la patria o solución a nuestros problemas. ¡No tienen con qué! Veo partidos más partidos que tiritas de 'bisté picado'; sin unidad de criterios. Esto explica que buena parte de la población cayera en la trampa de poner sus esperanzas en un partido con dueño, manejado con liderazgo unipersonal, caprichoso y arbitrario cuyas consecuencias nefastas no solo son de tipo económico sino también de deterioro moral que permeó todos los estratos de la sociedad. El resultado de esta ‘cereza en el pastel' es responsabilidad histórica de los partidos.

Se me ocurre comparar al partido político con el director de orquesta; o con el técnico que dirige un equipo de fútbol. El director de la orquesta (el partido), que debe conocer a fondo la música que se interpreta, es responsable de integrar armónicamente a los músicos (ministros, diputados, alcaldes, etc.); si no lo logra y solo mueve los brazos ‘para allá y para acá' haciendo ver que dirige, el resultado será un grupo de músicos desafinando. El técnico que dirige un equipo de fútbol debe lograr que sus jugadores coordinen el juego entre todos con una meta en común: el gol ganado limpiamente con el esfuerzo de todo el equipo. Así veo yo lo importante que es un partido político bien estructurado, compenetrado en el arte de gobernar; con valores éticos y morales; con liderazgo, capacidad de autocrítica y conocimiento de la realidad económica y social. Para un partido así lo primordial sería atender el bienestar ciudadano, superar las falencias. Bajo estas consideraciones no veríamos el penoso espectáculo de politiquería con ‘zancadillas' mezquinas; con el malsano propósito de alcanzar o mantener el poder para negociados, para la ‘rebusca' a costa del Erario. Salta a la vista que los políticos de hoy no se forman para el alto privilegio de servir con honestidad desde una posición de poder; mucho menos les conviene educar al pueblo en responsabilidad cívica y política.

Esa carencia de educación en valores es la que da más peso a la popularidad de un candidato que a la solidez de principios y compromiso con el pueblo que pudiera tener otro candidato. Esta falla, que promueven y beneficia a los partidos políticos, se observa en la Asamblea Legislativa, el organismo más representativo del pueblo (y más decepcionante) y determinante para mantener el equilibrio del poder. En este foro prima el 'bla bla politiquero' que disimula el verdadero interés de sus miembros, que no es legislar con responsabilidad sino, entre otros, usurpar funciones de los representantes de corregimiento que les reporta más para la cosecha de votos, tal como varios lo han declarado con todo desparpajo. ¡Y pensar que varios diputados van por la reelección!

La oportunidad de presentar candidatura de libre postulación ha despertado entusiasmo, especialmente entre jóvenes que ‘se la rifan' aun sabiendo que la política tiene baja calificación y que con recursos limitados enfrentan obstáculos burocráticos ¿deliberadamente entorpecedores? Veo con esperanza las candidaturas sin ataduras a desprestigiados partidos políticos. Creo que es ese desprestigio la razón que los motiva a dar paso adelante; a atreverse a la aventura de salvar a Panamá del abismo al que está asomado. Si los partidos políticos rectifican Panamá estaría camino a perfeccionar su sistema democrático. ¿O será, como dicen de los loros, que ‘loro viejo no da la pata'? ¿Lo intentarán esta vez? Deberían, están en deuda con el pueblo. Porque este cintura estrecha que enlaza el norte y el sur del continente americano es, como dice Hersilia Ramos de Argote en ‘Oda a la patria'…Tierra predestinada que la Naturaleza/ ha enclavado en el mismo corazón tropical/para que seas vórtice de altos designios/que vislumbró Bolívar en su ensueño genial…'.

COMUNICADORA SOCIAL