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16 de May de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

Alimentos genéticamente modificados (II)

La verdad es que el glifosato es un irruptor endocrino

El uso indiscriminado de los alimentos genéticamente modificados (OGM) es algo muy triste. La evidencia de que el Roundup de Monsanto y el glifosato causan enormes daños a los seres humanos va en aumento. A finales de 2017, los reguladores de California anunciaron que el glifosato es un compuesto cancerígeno, y al mismo tiempo un juez federal indicó que los ejecutivos de Monsanto han cabildeado ante la Agencia de Protección Ambiental (EPA) para evitar una investigación sobre la inocuidad del glifosato.

En efecto, existe una enorme cantidad de pruebas de que el daño que causa el glifosato va mucho más allá del cáncer. La verdad es que el glifosato es un irruptor endocrino. Está vinculado a enfermedades hepáticas, defectos de nacimiento y problemas reproductivos en animales de laboratorio. Está demostrado que mata las bacterias intestinales beneficiosas en las personas. Igualmente, sabemos que daña el ADN en las células embrionarias humanas, la placenta y el cordón umbilical. Y, sin embargo, en 2013, la EPA aumentó la cantidad de glifosato permitidos en las cosechas de 200 ppm a 6000 ppm. Es decir, se elevó el límite permisible en 30 veces.

Y quisiéramos dejar algo muy claro: elevar el límite permisible no tenía absolutamente nada que ver con la nueva concepción de seguridad alimentaria y soberanía científica. De hecho, los investigadores están descubriendo constantemente nuevos peligros asociados con el glifosato. Entonces, ¿cómo Monsanto ha respondido a la creciente evidencia de que el popular herbicida Roundup es un grave riesgo para la salud de los seres humanos?

Los nuevos expedientes y documentos presentados ante los tribunales revelan que Monsanto ‘fabricó' estudios científicos afirmando la seguridad de su producto estrella y posteriormente pagó a los científicos para publicarlos. En 2015, el ejecutivo de Monsanto, William Heydens, envió instrucciones a su personal para escribir porciones de un estudio científico sobre la seguridad del Roundup y les dijo que los científicos simplemente tenían que, y cito, ‘solo firmar con sus nombres' el estudio.

¡Qué bárbaros! O mejor dicho, ¡qué estúpidos! Es decir, ¿falsificar la ciencia para el beneficio de unos pocos y ponernos a todos en riesgo? Nos gustaría preguntar, ¿qué hay de cierto acerca de las declaraciones sobre que los OGM aumentan los rendimientos y que son realmente necesarios para alimentar a la creciente población humana en el planeta? En 2009, la Unión de Científicos Preocupados publicó un informe definitivo llamado ‘Falta de Rendimiento' que dejó claro que no ha habido absolutamente ningún aumento del rendimiento con los cultivos modificados genéticamente (www.jornada.unam.mx/2009/04/25/opinion/024a1eco).

Ya sabemos que si los cultivos genéticamente modificados fueran destinados a alimentar a los hambrientos, como Monsanto sostiene, entonces Monsanto y otros hubieran desarrollado semillas con ciertas características previsibles. Hubieran desarrollado cultivos con la capacidad de crecer en suelos marginales o deficientes. Hubieran desarrollado plantas capaces de producir más proteínas de alta calidad o con mejores perfiles de nutrientes. Hubieran producido cultivos con mayor rendimiento que pudieran crecer sin la necesidad de una costosa maquinaria, productos químicos, fertilizantes o riego. Y hubieran desarrollado semillas baratas para los agricultores, y disponible sin licencias restrictivas.

Pero la verdad es que ni uno solo de los cultivos genéticamente modificados disponibles ahora tiene alguna de estas características deseables. ¿Qué significa esto? La única conclusión que podemos sacar de esto es que la ingeniería genética en nuestras cadenas alimentarias nunca ha estado al servicio de la alimentación de las personas que padecen hambre en el mundo. Esa ha sido la mentira que han utilizado para tirarnos polvo en los ojos. Esperamos que algún día levantemos el velo, veamos la verdad que permita avanzar hacia una agricultura ecológica que contribuya realmente a reducir y finalmente eliminar los plaguicidas, y que además proporcione un futuro alimentario más seguro y sostenible para todos nosotros.

Deseamos que llegue el día cuando ya no cultivemos alimentos con venenos y en formas que contaminan y desarmonizan el bienestar del planeta. Y hasta que lleguemos allí, tenemos que tomar decisiones como consumidores. Una opción, y que muchos ya estamos haciendo, es evitar los OGM lo más que podamos y las circunstancias nos permitan. Desafortunadamente, en Panamá no existe una ley de etiquetado que obliga a productores y fabricantes a dar información sobre OGM. Así que la mejor manera de hacerlo es comprar alimentos que no contienen OGM, es decir, comprar alimentos orgánicos certificados. Algo que resulta más costoso, pero que frente a los hechos es la única solución.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA.