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28 de May de 2022

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    Rafael Carles

Columnistas

La clave está en comer y ayunar

‘Ayunar después de comer es la forma más efectiva de lograr buena salud y evitar subir de peso. [...] un mecanismo ancestral que está alineado con nuestra fisiología y aparato evolutivo'

En los tiempos de antes, cuando los humanos vivían dentro de las cavernas y merodeaban las praderas, sus hábitos de alimentación eran muy distintos a los de ahora. Comían siempre después de cosechar sus siembras y cazar sus presas, y hacían grandes festines para celebrar y saciarse. Y después de estas comilonas, venían períodos de ayuno. Por miles y miles de años los seres humanos mantuvieron este sistema de alimentación, hasta que hace 30 siglos mecanizaron la agricultura y más recientemente industrializaron su suministro de alimentos. En realidad, aquel sistema de alimentación de comer a mansalva y ayunar posteriormente permitió al ser humano evolucionar y adaptarse fisiológicamente con su ambiente. Y nunca tuvo problemas, solo hasta ahora en que come descontroladamente y no tiene tiempo para ayunar.

Ayunar después de comer es la forma más efectiva de lograr buena salud y evitar subir de peso. No es una fórmula mágica ni una dieta de moda milagrosa, sino un mecanismo ancestral que está alineado con nuestra fisiología y aparato evolutivo. Dar oportunidad al organismo para descansar y permitir que la energía fluya es clave para restablecer el equilibrio metabólico. Mientras los órganos estén llenos de desechos, la energía nunca fluirá correctamente, sino que el cuerpo la desperdiciará tratando de eliminar las toxinas. Por eso, para mantener y controlar el peso, lo esencial es ayunar.

Hoy en día, un millón de personas en Panamá tienen obesidad y tres millones tienen problema de sobrepeso, y las enfermedades relacionadas con los malos hábitos alimentarios son la principal causa de muertes. La razón del porqué esta epidemia ha surgido tan rápidamente es un dilema clásico que tiene muy preocupados a los antropólogos y demás profesionales de las ciencias. Y una posible explicación nos la dan nuestros ancestros nómadas que en el pasado y en tiempos de abundancia tenían un metabolismo ahorrativo capaz de almacenar de manera eficiente el exceso de energía dietética para enfrentar períodos de escasez. A raíz de los cambios en las dietas y el estilo de vida en las recientes generaciones, y el ritmo comparativamente lento del cambio genético, nuestros cuerpos que evolucionaron y se adaptaron para ‘ahorrar' han sido perjudicados ahora por los nuevos sistemas y hábitos de alimentación, al punto que vivimos en una epidemia de obesidad y diabetes.

Durante gran parte de la historia de la humanidad, el acceso esporádico a los alimentos era la norma. Como resultado, nuestros hígados y músculos evolucionaron para almacenar carbohidratos rápidamente accesibles en forma de glucógeno, y nuestro tejido graso con capacidad de reservar energía de larga duración que pueden sostener al cuerpo durante semanas cuando no hay alimentos disponibles.

La idea de que la obesidad y las enfermedades relacionadas con la alimentación son el resultado de esa discordancia o desajuste entre nuestros cuerpos y los estilos de vida cambiantes, no solo explica el porqué aumentamos de peso en un ambiente moderno de abundancia nutricional, sino que también destaca que nuestros cuerpos están adaptados al hambre y necesitan ayunar para eliminar desechos, porque son propensos a ganar peso cuando comemos demasiado.

En una cultura como la nuestra, en la que se acostumbra a comer tres comidas grandes al día, con refrigerios a todas horas desde la mañana hasta la medianoche, la idea de ayunar regularmente puede sonar extrema. Pero lo cierto es que el ayuno se remonta a miles de años, con Hipócrates y Platón entre sus primeros defensores. Estudios recientes sobre el ayuno y los planes de desintoxicación han ido ganando atención y respaldo científico. Además de los millones de personas que ayunan periódicamente por razones religiosas y espirituales, cada día hay más que consideran la práctica como una fuente de salud y longevidad.

Por tanto, en víspera del inicio de la temporada de abundancia y excesos y de cara a la celebración de todas las fiestas de fin de año, iniciando con la cena de Acción de Gracias, pasando por el almuerzo del Día de la Madre, los brindis de graduaciones y fiestas navideñas, y terminando con la cena de Nochebuena y los festines de Año Nuevo, nuestro mensaje es que comprendan que nuestros cuerpos evolucionaron para comer, y comer de verdad. Pero a menos que se quiera ganar peso extra, la única alternativa natural y fisiológicamente efectiva es ayunar.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA.