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22 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

2019: a superar el cristianismo farisaico

Para el año 2019, cabe orientar nuestras fuerzas y deseos hacia aportar a su concreción

El año 2018 nos deja con sabores agridulces desde el punto de vista de que algunas de nuestras aspiraciones en la vida las hemos visto ir cumpliéndose, por un lado, pero otras, que no se restringen a nuestra vida personal, sino más bien al escenario histórico en el que existimos, parecen estar alejadas de su concreción.

Para el año 2019, cabe orientar nuestras fuerzas y deseos hacia aportar a su concreción, la cuestión es que este esfuerzo debe tener un referente, principios orientadores y sinceramente, no he escuchado mejor imaginario a tener de guía que los que el papa Francisco aludió en la última Misa del Gallo en Navidad, que sin duda denotan una profunda sabiduría, aplicable no solo a los que se dicen seguidores de las enseñanzas del Jesús de Belén, sino de cualquier miembro de la especie humana.

En efecto, el papa Bergoglio mencionó que ‘Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir'. Para esto, el papa invita a ‘romper la espiral de la avidez y la codicia' (papa Francisco, homilía, 24 de diciembre de 2018).

Este es el escenario en el que vivimos; y para los que ansiamos un mundo nuevo, el que nos toca esforzarnos por cambiar, de manera revolucionaria, es decir, transformándolo de raíz, no reproduciendo unos grupos lo que otros le aplicaban a ellos. Así, no podemos pretender que los que ahora se banquetean dejen de hacerlo y no tengan para vivir, porque los que no tenían para vivir pasan a banquetearse. No se trata de revanchismos, tampoco de mantener la institucionalidad que sostiene la desigualdad. Habrá que romper con la espiral de la avidez y la codicia, matriz de todas las inequidades sociales.

Las clases dominantes perpetúan el sistema de dominación, desde el mismo momento en el que inoculan el virus de la avidez, confundiendo el ser por el tener, sometiendo la solidaridad a las mieles egoístas puestas en práctica a través de los mecanismos que se convierten en reglas institucionales.

De allí que nuestro hermano mayor, Francisco, advirtiera que ‘se debe superar la cima del egoísmo —y para ello— es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y el consumismo'. (Op cit).

Ya Frantz Fanon documentaba en el siglo pasado cómo los colonizadores lograban que los colonizados reprodujeran sus prácticas sociales. Estimulaban sus gustos por los bienes e ideas producidos por el explotador; exacerbaban sus inclinaciones por someter por la violencia a sus propios pares más débiles o indefensos.

La misma idea la dejó plasmada el general Torrijos para la historia, respecto de que debía procurarse el mayor uso colectivo posible de la zona canalera. Advertía este líder que no se trataba ahora de cambiar a amos blanquitos por amos chocolatitos... ¿Y qué ocurre hoy? Siguen amos blanquitos desde fuera del país imponiendo criterios no solidarios que con gusto ejecutan mayorales, medio blanquitos desde dentro.

En este año —como en los últimos 27 años— agrupaciones gremiales y sindicalizadas, imbuidas por el mismo virus de ‘la mundanidad y el consumismo' inoculado por las clases dominantes, se movilizan por sus intereses pecuniarios, mas no por las condiciones sociales y laborales del resto de su propia clase o por los agricultores pequeños que solo son recordados a la hora de los comunicados, mas no a la hora de preferir consumir lo que ellos producen por encima de lo que la oligarquía rentista importa al país.

Estos gremios son los mismos que han reaccionado históricamente cada vez que hay un atisbo de avance hacia la creación de un sistema único de salud público, porque consideran que su tacita de oro —la CSS— se les sale de su control burocrático o generación de confort corporativo. Estos son los mismos que no operan en las tardes y noches —existiendo quirófanos disponibles—, porque lo hacen en sus hospitales privados, contribuyendo a la mora quirúrgica. Así, mejor hacer regalitos navideños que compartir ese pan que implica honrar compromisos institucionales.

En estos tipos de conductas, la respuesta a la pregunta del papa sobre si ‘¿parto mi pan con el que no lo tiene?' es definitivamente NO. De esto desprendo un sincero deseo: que en el 2019 podamos superar las actitudes del cristianismo farisaico, como nos invita el papa Francisco.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.