La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Ricardo D. Salcedo Suárez

Columnistas

Misterios del asesinato de Remón (II)

¿Fue un crimen de Estado, como el cometido por reyes y mandatarios en la antigüedad, y se sospecha [...] de uno [...] del presente?'

El casi seguro principal tirador en el homicidio de Remón fue Irving M. Lipstein: un sicario de la mafia estadounidense que arribó a Panamá el día del asesinato y que durante las investigaciones fue capturado y puesto en libertad misteriosamente, sin que existiera firma alguna en la orden de liberación ni nadie que se hiciese responsable de ello, diez días después de habérsele encontrado rastros de pólvora en la piel. Si no existió una orden judicial ¿qué alto funcionario del Gobierno de Panamá impartió la orden verbal de liberación? ¿Porqué y a quién debía obediencia, o era también parte de la trama? A nadie más se le detectó nada sospechoso de entre los extranjeros de paso en el país en el período del asesinato, los cuales eran fácil de localizar en aquella época, aunque hubiesen ingresado: o furtivamente, o por la Zona del Canal bajo jurisdicción de EUA en aquel entonces. ¿Cómo salió Lipstein del país, tan pronto y sin obstáculos, y frente a las narices de las agencias del Gobierno de EUA presentes en la Zona del Canal sin que a ellas ni a las autoridades les causara algún revuelo?

Definitivamente, esa mafia estuvo involucrada, o como responsable única, o como contratada por los autores intelectuales, o como parte y coautora intelectual y material de la conjura. No obstante, se determinó que hubo más de un tirador, por lo que se deduce que hubo apoyo local, o de una agencia internacional, o de complotados del patio, o de ambos. En todo caso, los casquillos de bala recogidos revelan que el tipo de arma utilizada solo la dispararían o militares entrenados, o sicarios mafiosos como en los tiempos de Al Capone de aquella Chicago de su época. Esa arma, que tuvo que ser afinada por expertos, fue hallada; pero no las de los otros tiradores que hirieron a otras personas. El destino de ellas es desconocido.

Otro sospechoso del complot fue uno de los dos contendientes de la Guerra Fría, período de conflicto entre los dos poderes políticos mundiales dominantes a la sazón: la URSS y EUA. De ellos se conjeturaba que recurrían a asesinatos políticos para provocar desestabilizaciones que condujeran a sus aliados a la toma del poder que ostentaban sus oponentes en los países en disputa.

Un ejemplo fue el caso del asesinato, en (1948), del caudillo (liberal colombiano) Jorge Gaitán, seguro ganador en las siguientes elecciones presidenciales, suceso que desde entonces sumió a Colombia, por más de sesenta años, en enfrentamientos sangrientos entre los Gobiernos legales y unas guerrillas que comenzaron con el pretexto de rebelarse contra los causantes o los supuestos beneficiarios del crimen, aunque, en realidad, ellos mismos lo provocaran o ejecutaran. Su objetivo consistió en apoderarse del país por medio de un alzamiento armado contra los poderes constituidos, como ejecutores de una parte del plan de dominio comunista mundial. Pero, como tal plan se ha desvanecido y han fracasado en su empeño de apoderarse de ese país por las armas, ahora —además de guerrilleros, secuestradores y extorsionadores— observadores señalan que se han convertido en los mayores productores, o suplidores, mundiales de cocaína; actividad criminal lucrativa que supuestamente desarrollaron para financiar su permanente intento de dominar —por la fuerza— zonas en el país. Con esos recursos monetarios han podido adquirir un poder político propio, independiente de los patrocinadores originales.

En Panamá, en contraste, no hay el más mínimo indicio de que el magnicidio de Remón haya sido ejecutado por ese mismo tipo de gente y con los mismos objetivos perseguidos en Colombia, porque no había las condiciones políticas ni sociales para tal desestabilización ni accesibilidad para una guerrilla ni la organización local para logística. Por tanto, y a pesar de haber realizado otros atentados —como el de Somoza en Nicaragua, dentro del mismo período de la Guerra Fría, que a la larga desembocó en una revolución que sí cambió ese Gobierno y mudó al país de área de influencia— atribuirle a ese sospechoso la ejecución del de Remón no constituye una alternativa lógica ni procedente.

Además de los anteriores, resultaría como restante sospechoso el otro contendor. Por ello, analistas han barruntado que fuese la CIA la ejecutora. Las facilidades de esta agencia de EUA eran amplias, igual que su entrenamiento, recursos y contactos, además de su independencia de otros estamentos del Gobierno de turno de su país, a pesar de que el Senado ocasionalmente le impone más regulaciones a sus libertades y potestades. Sin embargo, por razones de Estado, talvez nunca se sabrá si llegó a actuar, si ejecutó órdenes y de quién, y por qué razón; y, si lo hizo, si recibió asistencia y coordinación de alguna autoridad de la antigua Zona del Canal de Panamá.

A menudo se ha señalado que en plena Guerra Fría estuvo involucrada en los derrocamientos de los mandatarios filo-comunistas: Jacobo Arbenz en Guatemala y Salvador Allende en Chile, dentro de la confrontación con la Unión Soviética por controlar la mayor cantidad de países en su esfera de influencia. Tal guerra pareció significar que era una lucha en defensa propia por la sobrevivencia de uno de los dos sistemas irreconciliablemente opuestos, en donde el uso de todos los instrumentos, violencias, engaños y pretextos, por ambos bandos, eran válidos, autoeximiéndose por el daño ‘colateral' que se pudiera inferir a extraños o a pueblos ajenos a sus propósitos.

¿Estuvo el móvil del asesinato encuadrado en tales parámetros? ¿Fue un crimen de Estado, como el cometido por reyes y mandatarios en la antigüedad, y se sospecha también de uno no muy lejano del presente?

INGENIERO CIVIL.