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18 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Fragmentación social, clase social y la ética del individualismo

‘La fragmentación social está recetada para las clases pobres, no para las poderosas [...]'

Hace unos 15 años atrás la Iglesia católica argentina, particularmente la Arquidiócesis liderizada por el cardenal Jorge Bergoglio, se dio a la tarea de impulsar una contraofensiva a la avanzada FRAGMENTACIÓN que se venía produciendo en esa sociedad.

Se trataba de reconstruir el sentido de comunidad, del NOSOTROS, corroído por la ética individualista fomentada a su vez por las normas que solo se guían por el ánimo de lucro. El ‘espíritu capitalista', según decía el sociólogo Max Weber, a inicios del siglo XX.

Esa clase de esfuerzos orientados a fomentar el sentido del NOSOTROS (Familia, etnia, nación) que implica detener el avance del espíritu capitalista, no encuentra en estos momentos institución socializadora alguna (Iglesias, instituciones escolares ni esperarlo de medios televisivos) asumiendo ese papel, a pesar de que venimos sufriendo en nuestro propio país del mismo proceso fragmentario ya avanzado, no solo en Argentina, sino en buena parte del mundo occidental.

Se trata de un proceso que conspira contra la cohesión de nuestras sociedades, acercándose más a la anarquía y la destrucción de la unidad de las familias, etnias y Naciones Estados. Indudablemente, en su base está el principio que rige las conductas de la gente a contravía del fomento del Bien Común, muy defendido en la Doctrina social de la Iglesia católica de la que el papa Francisco tanto promueve, ganándose con esto, enemigos —de alto perfil ignorante— que lo consideran un líder religioso comunista.

Esta ética individualista que soslaya el NOSOTROS Nación, la encontramos en las autoridades gubernamentales y escolares, en el caso de la cesión del colegio Abel Bravo para la filmación de una película donde se tuvo que arriar la bandera panameña para que apareciera izada la de EUA. Las autoridades ministeriales, lo mismo que las de la dirección de ese centro escolar de profunda simbología de identidad nacional, revelaron importarles más un puñado de dólares —que la industria de la cinematográfica multiplicará con creces en su favor— que el respeto a toda una historia que identifica al pueblo de Colón con lo que hoy muchos de las clases pudientes disfrutan: la soberanía en la franja canalera.

Pero esta ética es el pan de cada día del currículo ‘oculto' —pero real— en las instituciones escolares de nuestro país, tanto de propiedad pública como privada. Por ejemplo, el hecho de que se mantenga proscrita toda iniciativa autónoma de organización, de asociación entre estudiantes, ya revela la preeminencia de una ética que promueve el ilusorio éxito individual y el desprecio por la búsqueda del bien común de manera reflexiva y participativa.

En efecto, teniéndose recursos educativos de fomento de cohesión social, de promoción del NOSOTROS, como son las COOPERATIVAS JUVENILES, las mismas se desdeñan en nuestro sistema educativo, a cambio de toda clase de iniciativas-concursos, ‘realities', ‘megaproyectos' de empresas televisivas, programas de emprendedurismos de fundaciones y clubes cívicos —estimuladores del ánimo de lucro para alcanzar el éxito, a partir de talentos personales.

Sin embargo, quienes más interesados están en promover esta ética individualista fuertemente amarrada al ánimo de lucro entre los pobres y no pudientes, si cuentan con un sentido de identidad de grupo —al menos, su Nosotros Familia y su Nosotros Clase Social— que los cohesiona incluso internacionalmente. Se desprende de esto último la aplicación de la vieja máxima que reza ‘divide (a tus contrarios) y vencerás, más no dividas a los tuyos'.

Esta máxima, la violó el expresidente Martinelli; su megalomanía lo llevó al extremo de realizar iniciativas que dividían a su propia clase social, lo que ahora está pagando. ¿Acaso la señora Mireya llevó a los tribunales a los que hicieron japai con las privatizaciones en período del Toro Pérez B.? o ¿Martín Torrijos hizo lo propio con la expresidenta Moscoso y sus adquisiciones fruto de despojos? Ninguno lo hizo, por eso siguen allí como ‘prestigiosas' figuras de la sociedad panameña. A Martinelli, hubo que darle una lección, por meterse con otros potentados como él, algunos mucho más poderosos que él. O sea, por propiciar una posible fragmentación no solo de las clases subalternas del país sino de su propio Nosotros, el de su clase social.

La fragmentación social está recetada para las clases pobres, no para las poderosas, solo que en algún momento esa fragmentación también alcanzará a estas últimas, en la medida en que la sociedad se va deteriorando y sus instituciones pudriendo.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.