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02 de Dec de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Perdiendo se gana

Perdí, y por mucho. Como dirían en la jerga hípica: quedé detrás de la ambulancia. ¿Que me sorprendió?

En las lides deportivas, como en cualquier competencia en la vida, quien participa, aspira a ganar. Es lo normal y humano. En la política ocurre lo mismo. Los partidos acuden a las elecciones para ganarlas; igual los candidatos. Me postulé para diputado en la antigua Democracia Cristiana, porque pensaba que tenía claras opciones de salir electo. Lo hice con convicción y arrojo, con la certeza de que, aún a mis 73 años, podía aportar algo al país, sobre todo en la lucha contra la corrupción y poner fin a la impunidad que tanto daño le ha hecho a la institucionalidad del país, sobre todo en los últimos 10 años.

Perdí, y por mucho. Como dirían en la jerga hípica: quedé detrás de la ambulancia. ¿Que me sorprendió?, por supuesto que sí. Personas como yo, no participamos para perder o llenar un espacio. Lo hice porque todavía sentía que podía dar un esfuerzo honesto y dedicado a mi país. Pensé que lo podía lograr y por eso evalúo lo ocurrido el pasado domingo positivamente, aunque los resultados fueron adversos. Si yo aspiré porque quiero un mejor Panamá, y no lo logré, podría ser que lo ocurrido el 5 de mayo sirva para lo que querían los que me apoyaron en este esfuerzo: un mejor Panamá.

El triunfo de Laurentino ‘Nito' Cortizo puede significar ese cambio. Lo intentó en dos ocasiones anteriores; la tercera resultó la vencida. No pertenecía a la cúpula del partido y por eso pensaban que era manipulable. ‘El que mandará será Nito', nos llegó a decir. Eso cayó mal a tirios y troyanos, pero era un mensaje muy claro. Escogió de vicepresidente a prácticamente un extraño, ajeno a los que se creían dueños del partido. Supo sortear, magistralmente, el terrible bulto que significó para su campaña la historia horrible de sus diputados, sobre los de la cúpula. Los mantuvo a un lado y llevó a cabo una campaña en la que sorteó los terribles ataques que le hicieron, donde hasta con su familia se metieron. Hizo caso omiso a ellos y proyectó, en su campaña ‘Uniendo Fuerzas', el plan de lo que pensaba hacer para Panamá, para dar mejores días a los panameños para que vivan con menos desigualdad. Evitó las polémicas, aunque todos lo hacían su blanco.

Nito Cortizo, no ha sido PRD toda la vida. Inclusive en su primera elección para diputado salió electo por otro partido. Los dinosaurios de su colectivo lo miraban con recelo por eso. Su profesión de empresario, graduado en Estados Unidos, no le daba el perfil necesario de un partido, si bien nacido bajo la ubre militar, supo ajustarse al juego democrático cuando en 1994, desafiando todos los obstáculos, su candidato, Ernesto Pérez Balladares, ganó la Presidencia. Se le veía distante de la dinámica que algunos le habían impreso al partido de Torrijos.

Voté por él porque lo consideraba la mejor opción de cambio. Se lo había dicho y durante la campaña mantuve una relación fluida con él. Factores externos ayudaron a que su más cercano rival llegará tan cerca. El país quería algo nuevo, pero que no representará el presente (Varela) o el pasado reciente (Martinelli). Le tenía pavor a aquello.

La emergencia de la fuerza independiente fue muy positiva, siempre y cuando se mantenga activa como contrapeso crítico del Gobierno. En la Asamblea, en su gran mayoría, los que buscaban la reelección no lo lograron. Y eso ya vale la pena, especialmente para quienes también apoyamos con entusiasmo el ‘No a la Reelección'. Los grandes ganadores han sido los jóvenes; nos han dicho qué clase de país quieren y eso no lo podrán ignorar los próximos gobernantes.

Perdí, definitivamente que me duele. ¿A quién no? Sin embargo, más me dolería que el electo nos resulte tan incongruente, egoísta, corrupto y excluyente como los dos últimos que lo precedieron. Panamá tiene que seguir adelante; no podemos permitir más retrocesos a nuestra democracia.

ABOGADO