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02 de Dec de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

El legado de Nicky Barletta

El propósito es mejorar la calidad de vida de la comunidad nacional con igualdad de oportunidades

Hoy la sociedad panameña aplaude la designación de Ricaurte Vásquez como administrador del Canal de Panamá y la de Héctor Alexander como ministro de Economía y Finanzas, los dos funcionarios de una trayectoria pública intachable, son sin duda alguna hijos de Nicolás Ardito Barletta, de ese grupo de más de 40 que él mandó a estudiar y que se han distinguido en la vida institucional del país. Buenaventura Correoso lo hizo también en el siglo XIX con Belisario Porras. Omar Torrijos, al crear el Ifarhu, le da la oportunidad de estudiar a centenares de panameños en el exterior. La educación de calidad garantiza el desarrollo óptimo de un país, como lo apreciamos en otras latitudes.

Nicolás Ardito Barletta es un estadista innato. Huellas son sus memorias y cada página es el testimonio fehaciente de una época turbulenta y convulsionada con personajes grotescos. Los nombres y apellidos de los protagonistas de la dictadura militar allí están. Nicky en sus vivencias comenta lo sucedido con puntual realismo.

Nicolás estuvo muy cerca de Omar, es doctor en Economía de la Universidad de Chicago y uno de los mejores planificadores de América Latina. Al estudiar un posgrado en Administración de la Educación, dirigido por la Unesco, la Organización de Estados Americanos y el Icase de la Universidad de Panamá, analicé Estrategia para el Desarrollo Nacional, su mayor legado bibliográfico. El funcionario tuvo una relevante actividad de servicios a la nación durante el período de 1965 al 2000; asimiló experiencias, amplió horizontes y creció con objetivos claros. Su mandato presidencial es un vía crucis, con traiciones y deslealtades, confió, ingenuamente, en los que hacen de la política un negocio y olvidó que ellos solo tienen intereses.

El economista, en Huellas, hace un significativo recuento de la gestión de Roberto F. Chiari y los planes de desarrollo impulsados por David Samudio y ejecutados por profesionales de la talla de Jorge Riba, Edwin Fábrega, Rodrigo Núñez y Guillermo Chapman. Se aspira a formar un ciudadano capaz de autosostenerse y de ser un ente creativo. David Samudio como estadista, establece los cimientos de la planificación gubernamental; el criterio es científico social y orientado al desarrollo económico y financiero del país. El propósito es mejorar la calidad de vida de la comunidad nacional con igualdad de oportunidades.

Ardito Barletta el planificador, le da prioridad al desarrollo institucional fundamentado en las competencias profesionales y en una sociedad con un poder judicial independiente, imparcial y honesto. El desarrollo humano depende de entidades sólidas y respetables. Omar Torrijos lo apoya al punto de considerar que la planificación es la brújula de la ruta de Gobierno.

Nicolás, con 32 años de edad, crea, en 1970, el Centro Bancario Internacional y luego el Bladex como el complemento latinoamericano. Los contactos internacionales y sobre todo los de Washington le permiten respaldar, efectivamente, los Tratados canaleros de 1979. Los beneficios económicos y financieros de esos tratados son obra de Nicolás, el principal negociador en esa área. Él con luces largas promueve los puertos de contenedores nacionales, los más grandes de Sur América. El trabajo de equipo es esencial para un Gobierno eficaz. Nicolás organiza el más eficiente del devenir republicano; considera que un equipo es más que la suma de los talentos que lo componen, asimismo aprecia el relevo generacional.

Huellas incluye la ejecutoria de un hombre semilla y ciudadano institucional. El asesinato de Hugo Spadafora lo enfrenta con los victimarios y determina su derrocamiento como mandatario. Igual ocurre con Aristides Royo, Ricardo de la Espriella y Eric Delvalle, los presidentes de a dedo; ya antes teníamos a los presidentes de papel, como los denominó Polidoro Pinzón, eran los tiempos de Remón y Vallarino, los cuales ejercían el poder real.

La elección de Ardito Barletta, pone en evidencia que él es un novato en la política criolla. El que escruta elige, las actas son alteradas para escoger al candidato oficialista. La ciudadanía nunca votó a favor de Arnulfo Arias ni de Nicolás, votó contra la dictadura militar. La política no es una relación matemática, la política al estilo de Platón, Aristóteles, Montesquieu, Maquiavelo, Churchill, Gandhi, Martin Luther King, Mandela, es emoción, una pasión.

Huellas traza el perfil de Omar Torrijos sin barnices ideológicos ni de intereses políticos. Un hombre que escucha diferentes opiniones para luego decidir, pero Omar se equivocó con los más allegados que solo tenían el afán de enriquecerse bajo su amparo, así deja en la indefensión a su esposa e hijos.

Huellas con 395 páginas, está ilustrada y organizada en nueve capítulos. Incluye anexos significativos. Huellas es un libro de referencia obligada para conocer el acontecer político nacional.

DOCENTE, HISTORIADOR Y ESCRITOR.