La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Nadhji O. de Baires

Columnistas

Frida, gestora de la belleza

Pregunté por Frida Harari de Husney, quise saber cómo se sentía aquella mujer extraordinaria que conocí en mi juventud, una de esas personas que n...

Pregunté por Frida Harari de Husney, quise saber cómo se sentía aquella mujer extraordinaria que conocí en mi juventud, una de esas personas que no sólo dejan huella, sino que marcan las pautas de las épocas, imprimen su propio sello y son como una luz para quienes las siguen.

Frida era grande hasta en su humildad. Una hija mayor que asumió su papel en la familia, con espíritu de entrega y sacrificio poco comunes. Con sus manos de niña, supo dar importancia al hecho de ser la ayudante indispensable de su esforzada mamá, Sarah Mizrachi de Harari, apoyándola en la crianza de sus cinco hermanos menores y llevar en orden la vida en el hogar.

Frida nació en Panamá, en 1930 y poco después nació su hermanita Joyce. Buscando mejorar la vida de sus hijos, Sarah y Max Harari emigraron con sus hijas en un barco hacia los Estados Unidos. En Brooklyn, el padre de Frida, abrió una tienda de calzados, pero poco después sobrevino la época de La Gran Depresión. Al salir de la escuela, ayudaba a su padre en la tienda de calzados, a vender... y a subsistir. Sólidos valores inculcados con firmeza y amor por sus padres, señalaron el Norte a todos sus hijos. Frida afrontó los giros de la vida, los comienzos de cero, las vicisitudes de la migración en barcos de carga y las decisiones que a ella le afectaban.

Sus padres le enseñaron a pensar en los demás, convirtiéndola en una mujer fuerte, un ser humano lleno de luz y esperanza. En esa época dura de los años 1930, llegaron al mundo sus cuatro hermanos: Raymond, Morris, z'l, y los mellizos Sion y Joseph. Frida lavó a mano sus pañales de tela, llenó las mamaderas, aprendió a evitar las epidemias y dejó la escuela para cuidarlos, mientras Sarah, su madre, se iba al hospital a dar a luz a sus gemelos... Era una niña llena de responsabilidades, una madre-niña que se ganó el amor de sus hermanos, mientras ella crecía con una madurez arrancada de la necesidad, enriquecida con el ejemplo de Sarah, mujer tenaz y visionaria. Pero la situación era muy difícil en Brooklyn, por lo que decidieron regresar a Panamá, donde habían nacido sus dos hijas, Frida y Joyce.

Un barco de carga fue el modesto transporte. Sarah regresó a Panamá con sus tres hijos menores, mientras su esposo Max se quedaba en Brooklyn con los tres mayores para cerrar el almacén de calzado y que sus hijos terminaran el año escolar. Hospedada con sus tres pequeños en una modesta habitación en el centro de la ciudad de Panamá, Sarah consiguió zapatos de segunda para venderlos a bajo precio. En su pequeño local nació La Suerte, en Calidonia; así mantuvo a sus hijos. Años después, Frida logró el sueño de su madre, al fundar el icónico almacén Sarah Fashions, que tanta belleza esparció entre las damas panameñas.

Este indómito espíritu de lucha, valores y respeto a los mayores, nutrieron el alma de Frida Harari. Valores que en su familia se conservan y se trasmiten de generación en generación, fueron los pilares que guiaron la vida de Frida, hasta que se despidió de nosotros, el pasado 27 de agosto. Era una hija que honraba, una hermana amorosa y servicial, una madre sabia, una abuelita cariñosa, una amiga ejemplar. Frida fue un ejemplo de valentía y visión de la mujer panameña. Palabras que se quedan cortas al tratar de describir a quien ha sabido sembrar tanto amor con sus propias manos...

¡Descansa en paz, Frida Harari de Husney!