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26 de Oct de 2020

Columnistas

Relato de un fracaso anunciado

Cuando Santiago Nasar llegó al pueblo no imaginaba que dos hombres, Pedro y Pablo Vicario, gemelos de 24 años, lo esperaban con cuchillos envueltos en periódicos para matarlo.

Cuando Santiago Nasar llegó al pueblo no imaginaba que dos hombres, Pedro y Pablo Vicario, gemelos de 24 años, lo esperaban con cuchillos envueltos en periódicos para matarlo. Ya no estaban borrachos después de tres días de parranda, pero tenían el aspecto devastado por la mala vida. Muchos sabían que lo iban a matar, pero ni Lázaro Aponte, alcalde del pueblo, ni el padre Carmen Amador, ni su propia hermana Margot pensaron que no estuviera prevenido; a todos parecía imposible que no lo estuviera. Y ocurrió lo previsto: Santiago se enfrentó a sus victimarios; le propinaron varias cuchilladas hasta que, con un tajo horizontal en el vientre, sus intestinos completos afloraron con una explosión que hizo exclamar a Poncho Lanao: “Lo que nunca pude olvidar fue el terrible olor a mierda”.

Crudo relato del Premio Nobel de Literatura, orgullo de las letras latinoamericanas. Su Crónica inspira mi percepción del desgraciado final que espera al intento por reformar nuestra Constitución. Baso mi vaticinio en varios elementos: las reglas del proceso, la historia, los hechos, la tragedia, las perspectivas.

Las reglas. Una reforma, total o parcial, de la Constitución es posible mediante tres caminos, dos que requieren del parecer y aprobación de los Honorables Diputados, porque sin eso ninguno es posible. El tercero en esencia es una decisión soberana del 20 % de los integrantes del Registro Electoral al 31 de diciembre del año anterior, que no requiere el parecer ni aprobación de los Honorables Diputados para instalar una Asamblea Constituyente Paralela.

“Crudo relato del Premio Nobel de Literatura, [...]. Su Crónica inspira mi percepción del desgraciado final que espera al intento por reformar nuestra Constitución”

La historia. En 1904, 1941, 1946 y 1972 hemos tenido cuatro versiones de esa Carta Magna. La última, aunque reformada parcialmente en varias ocasiones, continúa identificándose igual como “la de 1972.” Varios intentos de reformarla parcialmente han fracasado: en 1993 para eliminar el ejército, en 1998 para permitir la reelección presidencial inmediata. Algunos intentos han tenido éxito: en 1994 para tratar nuevamente de eliminar el ejército, en 2005 para eliminar algunos cargos de elección popular e incorporar el régimen de administración del Canal de Panamá. Los intentos exitosos lo han sido por haber seguido el proceso eficiente de “dos Asambleas” integradas por partidos políticos representados en ella, cuyo contenido fue decidido por la alta jerarquía de esos partidos sin consultar el parecer ni la voluntad popular. Los fracasos de 1993 y 1998 fueron expresiones soberanas del pueblo, consultado directamente en sendos referéndums.

Los hechos. En el quinquenio 2009-2014 se convocó la Comisión Presidencial de Notables para redactar una reforma constitucional integral; luego de meses de esfuerzos por redactar un texto con nuevas ideas, ese trabajo no dejó de ser un borrador inservible que fue desatendido sin consideración ni debate. Durante la pasada campaña electoral hubo consenso entre las nóminas presidenciales sobre la necesidad de reformar la Constitución, ya fuera directamente mediante convocatoria a constituyente “paralela” u “originaria”, o mediante las “dos Asambleas”; y, en caso de no lograrse por ese último camino, con una convocatoria posterior directa al pueblo mediante un referéndum. La candidatura ganadora cumple esa senda prometida.

La tragedia. Lo triste del camino seguido es el bochornoso espectáculo que muestran ciertos diputados, que restará credibilidad al resultado. El proyecto trabajado durante meses por la Concertación Nacional, ya de por sí criticado como protector de intereses muy particulares, ha sido virtualmente asaltado a mansalva por diputados que se consideran muy empoderados para añadir o quitar los ingredientes que les apetezcan por considerarse iluminados en asuntos constitucionales, sobre todo cuando se trate de sus posibilidades de reelegirse o de aumentar recursos del Presupuesto Nacional a las mochilas legislativas. No hemos escuchado ningún planteamiento con alguna ilustrada visión de país que fundamente cada una de las propuestas, ni una enjundiosa disertación sobre las características que debe revestir el sistema democrático y republicano a que aspiramos los panameños. Faltan las exposiciones didácticas y cultivadas; en su lugar observamos peleas callejeras, discusiones agrestes, argumentaciones baladíes, insulsas y sin sustancia que llegan hasta la pachotada vergonzosa. Distinto al debate serio de 2005 cuando intervine activamente, pero retuve mi voto a favor de aquellas reformas.

Las perspectivas. El sentido común y el triste espectáculo que ahora observamos lleva a la conclusión de que el producto que salga de la Asamblea Nacional no será aprobado por los ciudadanos conscientes cuando se someta a referéndum el próximo año bisiesto. Aún sometido a consulta por temas, los votantes examinarán especialmente el bloque de modificaciones propuestas para el escogimiento, organización, operación y privilegios de los futuros diputados. Sin olvidar que, de ser rechazadas esas propuestas en particular, seguirá vigente el deshonroso sistema actual de privilegios legislativos.

En fin, la obra de García Márquez encuentra su símil en el patológico malgaste de tiempo y desperdicio de dinero incubados por los diputados.

Exdiputada